Declaración de Principios


José Gabriel Barrenechea.

Más que por la Transición, estoy por la Transacción.

Más que por transitar de un estado político a su opuesto, fantaseado como definitiva panacea nacional, prefiero transigir; o sea, al decir del Diccionario de la Real Academia de nuestra Lengua Castellana: “Consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia.”

Enfrentamos más que a una dictadura, a una cultura profundamente arraigada en las que estas florecen con exuberancia tropical. Enfrentamos más que a una camarilla, a la percepción binaria, maniquea del mundo, que para poner solo un abarcador ejemplo, hace que muchos conciban el acto de disentir como amoldarse a un estricto manual, que en esencia no resulta otra cosa que el más absoluto anti-manual del partidario gubernamental: Así, si este último se declara abortista o evolucionista, nuestro opositor-opuesto no podrá más que gritarse a voz en cuello antiabortista y enemigo jurado de Carlos Darwin.

Es mi declarada intención la de promover la pluralidad de opiniones y opinantes, pero también la de acercarlos, por medio del diálogo racional, al justo punto medio transaccional imprescindible a la Transición que ya ocurre en Cuba. En consecuencia declaro mi propósito de promover una transición ejemplar, que a semejanza de la española, que dejó en pie e intocado el Valle de los Caídos, respete en la nuestra el Monumento al Che Guevara en Santa Clara, y el de Cuatro Palmas en Santiago de Cuba.

Y lo anterior, sino por razones éticas, al más por la muy realista razón de que el capital más importante de toda sociedad humana se encuentra en su diversidad; en la capacidad con que esta la dota para enfrentar, y aprovechar, las más variadas situaciones y retos.

Todos cabemos en la Transición. Es más, todos somos necesarios en ella.

Haciendo balance de la de 1933, Pablo de la Torriente Brau escribió:

… debemos reconocer nuestro error al juzgar despreciativamente, como lo hacíamos, a todo aquel cuerpo de servidores fidelísimos, eficientes y abnegados (el cuadro administrativo de Machado)… Debemos reconocer nuestro error y proclamar que aquellos hombres tuvieron lo que muy pocas veces se ha logrado en Cuba: una organización… Yo no tengo escrúpulo ninguno en reconocer que tenían más talento, disciplina y astucia que el noventa por ciento de los que se les opusieron. El que conoció buena parte de las organizaciones que combatieron al régimen de Machado no podrá negar que en esta afirmación hay un gran fondo de verdad.[1]

Y es que Pablo presentía, aunque sin enunciar distintamente, una realidad sociológica: A la caída de un régimen autoritario (y en mayor medida uno totalitario) los que llegan son menos aptos para ocupar las posiciones burocráticas, imprescindibles a cualquier sociedad moderna, que los que hasta el día antes las desempeñaban. Y ello no solo por razones de experiencia, sino más bien de naturaleza, ya que mientras bajo aquel régimen las burocracias son reclutadas entre los más dispuestos a aceptar las rígidas jerarquías, las precedencias, y a reglar sus vidas mediante rutinas, quienes han hecho la Transición a la brava, la no-transacción, los contestatarios o los aventureros que se atreven a pescar en río revuelto, no suelen caracterizarse por poseer las virtudes necesarias a todo burócrata.

Si queremos mejorar nuestra imagen internacional y destrabar los flujos de inversión, pero además si queremos mantener la gobernabilidad y evitar los errores de anteriores transiciones (hablemos claro, los desmandes) debemos transar para no cometer el despilfarro de dejar a nadie afuera.

Y si en un final todos somos necesarios, nada mejor que tener bien presente los consejos que en medio de otra de nuestras transiciones anteriores nos diera el Generalísimo

El G-2 me impidió ir a La Habana al lanzamiento de nuestra nueva revista ¨Cuadernos para la Transición¨, pero ¨a quien no quiere caldo se le dan tres tazas¨

El G-2 me impidió ir a La Habana al lanzamiento de nuestra nueva revista ¨Cuadernos para la Transición¨, pero ¨a quien no quiere caldo se le dan tres tazas¨

:

Para andar más pronto el camino de la organización nacional elegid para direc­tores de vuestros destinos, a los hombres de grandes virtudes probadas, sin pregun­tarles en dónde estaban y qué hacían mientras Cuba se ensangrentaba en su lucha por la Independencia.

Se debe conceder el perdón a todo el que lo solicite, para que la obra quede com­pleta. Al aproximamos a las tumbas gloriosas de nuestros compañeros a depositar la “siempreviva”, junto con una lágrima de guerrero, es preciso en esa hora piadosa, llevar el alma pura de rencores[2].

En su más lograda novela, el americano-cubano Ernest Hemingway nos narra la historia de un viejo pescador que llevaba ochenta y cuatro días sin pescar un pez, que pesca el más grande que nunca haya logrado para después verlo desaparecer, no sin lucha, entre las fauces de los tiburones del Estrecho, y que regresa luego a su casa en Cojímar, a dormir el gigantesco e infructuoso esfuerzo. Algo nos queda claro tras cerrar el libro, sin embargo: mañana el viejo cubano volverá a intentarlo.

Ha llegado la hora de volver a hacernos a la mar. Ha llegado la hora de volver a intentarlo; pero ahora con un mucho menos de apasionamiento y un poco más de racionalidad y de espíritu de diálogo. A fin de cuentas, como nación, ya vamos dejando atrás la turbulenta adolescencia.


[1] Ahora, 4 de noviembre de 1934, magazine dominical, páginas 4 y 5

[2] Proclama de Yaguajay.

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