Respuesta a “En torno a Cuba y los Derechos Humanos”. En Granma, jueves 5 de diciembre.


Centella en La Habana

Centella en La Habana

por José Gabriel Barrenechea.

El señor José Luís Centella Gómez, Secretario General del Partido Comunista Español, ha terciado en nuestro debate interno sobre los derechos humanos y merece una respuesta.

José Luis Centella Gómez

José Luis Centella Gómez

Debo aclararle en primer lugar al señor José Luís que a la hora que esto se publique yo estaré retenido por la policía en mi casa en contra de mi voluntad. O quizás hasta preso en una unidad de la policía. El motivo de que se me someta a semejante acoso, y con ello a mis ancianos padres, no es otro que pensar y escribir. ¿Qué pienso y escribo?, ya lo verá si lee este trabajo hasta el final.

O sea, para dejar bien claro: Yo no estaré siendo multado por manifestarme en la vía pública (lo que es algo que va en contra de mi natural, por cierto), más bien estaré detenido por haber querido participar en la presentación de una revista alternativa en que se publica un trabajo mío, y por haber querido participar en un panel, también no oficial, sobre la situación de los derechos humanos en América Latina.

Oyendo al señor José Luís uno llega a preguntarse como es que han llegado ciertos prohombres de la izquierda a la aparente conclusión de que lo que es natural en cualquier parte, no lo es en Cuba. Porque tal pareciera que no hay forma de que les quepa en la cabeza que aquí pueden, y deben surgir constantemente corrientes de opinión diferentes, y hasta contrarias a la del Gobierno. Y que es precisamente del debate real entre ellas que con mayor posibilidad surgen las soluciones a nuestros acuciantes  problemas actuales.

Ahora, otra cosa es que al señor José Luís le preocupe que esas corrientes de pensamiento que ahora se atreven a manifestarse en la sociedad cubana actual, se tuerzan cada vez más hacia la derecha.

Mas la realidad es que este hecho, que justifica el temor a un futuro de derechas en Cuba, tiene como principal causa el abandono en que desde siempre han tenido esas izquierdas mundiales al campo en que constantemente están surgiendo nuevas corrientes de opinión en Cuba. Porque es evidente que al hacerlo las han dejado por completo en manos de sus contrapartes de derecha. Así, acabadas de surgir a la vida, esas corrientes de opinión, que analizadas a profundidad, tanto por lo que en sí plantean, como por el fundamento desde el que lo hacen, y hasta por el vocabulario usado, deben ser clasificadas a la izquierda, al solo encontrar el apoyo de las derechas, terminan poco a poco e irremisiblemente moviéndose en esa dirección.

Puedo dar fe de ello por mi trato con muchos disidentes en Cuba. Si en cierta medida el izquierdismo simplón que hoy inunda Iberoamérica puede ser relacionado con la creencia en ciertas virtudes superiores del pueblo, entendido este en esencia como constituido por los que deben ser ayudados, asistidos por el Estado, pues no pocos de aquellos comparten visiones semejantes en alguna u otra medida a las de Hugos’s Chávez y Evo´s Morales.

Afirmo aquí en consecuencia que si las disidencias han tomado ciertos caminos la culpa la tienen gentes como José Luís, que solo reconoce en su artículo que “Cuba ni es el Paraíso ni ha resuelto todos sus problemas”; o lo que es igual a no decir nada, porque a la verdad, lo mismo se podría haber sido dicho, por ejemplo, de Noruega.

He hablado del abandono que de las corrientes de opinión en nacimiento han hecho, y hacen las izquierdas mundiales, pero pregunto: ¿Hasta cuándo las izquierdas seguirán cediéndole a las derechas o al centro el estandarte de la defensa de los derechos civiles y políticos, e intentando acaparar los derechos que implican, por lo menos en sus simplonas interpretaciones, más que derechos de la persona humana, obligaciones del estado hacia la comunidad de todas ellas… (y con ello la posibilidad para algunos de que, bajo capa de altruistas, alcancen a empoderarse de manera absoluta)? Porque en buena medida la causa de ese abandono cubano se debe a este otro más esencial.

El señor José Luís habla de los logros de la Cuba Revolucionaria como si con ellos pudiera tapar las flagrantes violaciones a la dignidad del humana en Cuba. Preguntémosle, ¿Se sentiría a gusto en una supuesta sociedad donde tuviera acceso y derecho a casi todo, excepto a intervenir en la manera en que se gobierna dicha sociedad, a proponer soluciones, nuevas visiones…? Le recuerdo antes de dar una respuesta apresurada que su lucha es en esencia esa misma: En su circunstancia particular, conseguir que los individuos no se conviertan en esclavos de la economía, que dejen definitivamente el reino de la necesidad para entrar en el de la libertad (a no ser que el simplonismo iberoamericanista al uso ya lo haya afectado tanto, que crea que su lucha es contra los ricos, y por unos pobres que usted convendrá imaginar como de anuncio de revista).

Pienso que para poder empezar a influir con su partido en que Cuba no se derechice, más que dedicándose a apoyar a un gobierno cubano cada vez más de derecha, excepto en el discurso exterior, debería, además de preguntarse en qué realmente cree usted, aplicarse a cuestionar con sentido en realidad crítico los logros de la Cuba Revolucionaria (aunque por la reducción de la cuantía de los logros mencionados con respecto a otros discursos debo admitir que ya parece haberlo comenzado a hacer).

¿Sabía el señor que a pesar de lo alta que pueda parecernos si se la compara con los valores del presente, la Cuba de antes del 59 también exhibía una de las 3 más bajas mortalidades infantiles para la el Tercer Mundo de la época (Tercer Mundo que por entonces incluía a su país, o a Italia, o a Japón), o que por sus índices de natalidad, o mortalidad, o por su número de médicos por habitantes, no podía de ningún modo ser incluida en el Mundo de sus abuelos? ¿Sabía que en cualquier extrapolación de ese índice de desarrollo humano a los años anteriores a la dictadura de Batista, Cuba estaría más abajo del lugar 51 (ni españoles, ni italianos, ni japoneses estarían por debajo de nosotros)?

No negamos los realmente existentes avances de la Revolución, pero sí, en primer lugar, su sobredimensionamiento con el objetivo de poder acosar a cualquiera que como yo lo demuestre con cifras sólidas (le recomiendo mis trabajos de la revista Convivencia, o un libro mío próximo a salir). No los negamos, como tampoco que han sido logrados en medio del embargo de los EE.UU., pero intentamos corregir el que sean utilizados como licencia para detener a quienes como yo plantean que desgraciadamente fueron alcanzados sobre una base económica irreal, inexistente, que hoy lo hace renquear más y más. Para esos que pedimos, por encima del más completo acoso, el derecho a participar de verdad en la construcción de nuestro país.

Y esos que no negamos, pero pedimos espacios y derechos por los que hasta el otro día luchaba la izquierda (no la derecha, señor José Luís Centella Gómez), somos también parte de Cuba. De Cuba, un país en que se lleva a España en el corazón como en ningún otro. Por ahora y por fortuna a toda la variopinta España, sin excepciones, señor Secretario General.

Depende sin embargo de hombres como usted que, para el bien mutuo, así siga siendo en lo porvenir.

Y, por favor, cuando reflexione sobre ello, piense por un momento en este cubano y en sus dos ancianos padres bajo el acoso de una policía secreta que, creo, nada tiene que ver con hombres como usted.

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