Carta aberta à esquerda brasileira


Agradezco al amigo pastor Mario Félix Lleonart por las gestiones hechas para divulgar una carta que dirigí a la izquierda brasileña; y a  la Asociación Nacional de Juristas Evangélicos en Brasil por hacerse eco de ello con la publicación de esta en: anajure.org.br/anajure-divulga-carta-de-intelectual-cubano-enviada-para-a-esquerda-brasileira/ . Gracias al pastor por no olvidar a sus amigos en la isla que vivimos en los pasados días una ola represiva, homenaje del régimen al Día Internacional de los Derechos Humanos, como parte de la cual fui detenido la pasada semana, y privado de mi documento de identidad se me amenazó con encausarme por desacato si aún sin identidad osaba trasladarme hasta La Habana para participar de un evento sobre Derechos Humanos anunciado por el proyecto alternativo Estado de Sats. Al publicar este post sigo retenido. No se me ha devuelto el carnet de identidad, lo que no puede significar otra cosa que sigo sin poder dejar el pueblo (o sea, amenazado de ser sometido a un proceso por desacato, y es evidente que se mantiene la vigilancia sobre mí. Han reeinventado el destierro al interior del país. Ya yo estaba en la Siberia, razonaron, que más nos cuesta dejarlo allí. Especialmente gracias a Mario porque él mismo contribuyó a la divulgación de mi carta justo cuando también era objeto de ataque por personeros al servicio del régimen en las dos orillas como: http://progresoweekly.us/20131127-ngos-religion-subversion/ …  o http://islamiacu.blogspot.com/2013/12/el-past . Como sería una incongruencia que se divulgue por diversos sitios del mundo y no esté en mi propio blog acá la tienen en mi Hidalgo, como una reacción más a toda la represión que vivimos en la isla por estos días, en portugués y en español

Logo de la Asociación Nacional de Juristas Evangélicos de Brasil

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Las obras en el Mariel donde Brasil invierte

Las obras en el Mariel donde Brasil invierte

Carta aberta à esquerda brasileira.

Segundo sua visão do presente, pela primeira vez em 200 anos nossos povos se encaminham em direção a uma efetiva união que transcenda o econômico e chegue até o político. Portanto, se vocês são consequentes de seu discurso, se faz impostergável que definam com absoluta clareza quais são essas formas políticas sobre as quais desejam traçar nossa futura, e hipotética, unidade.

Soberania nas mãos de elites que se fossilizam ao grupo do Estado, a nome, e até na sincera crença de defender dessa maneira os interesses do povo, ou verdadeira soberania popular…? Eis aí o dilema que enfrentam aqueles que o presente tenta unir à América Latina como uma entidade supranacional; supostamente imprescindível à existência de nossos povos neste novo século.

Neste sentido, se é que de modo sincero vocês optaram pela segunda opção (soberania popular), deve ser evidente que admitir de modo incondicional nos mecanismos e instituições integradores uma Cuba que persiste com obstinação na primeira (soberania nas mãos de elites), não pode ser mais que um contraditório e caro erro.

Tal concessão, mais além das ingentes e irreconciliáveis incongruências que traria em longo prazo a existência dentro do mesmo organismo supranacional de Estados baseados em antagônicas concepções da soberania, de imediato gerará, como já ocorre, um claro sentimento de suspicácia na cidadania ante o discurso das forças políticas que apoiaram dita concessão. É lógico que de forças políticas que se prestam a tal, a cidadania suspeite que por trás de suas propostas não se mascare mais que o desejo de implantar sub-repticiamente um modelo político similar ao cubano. Suspicácia que corrói hoje em dia a popularidade de outras esquerdas latino-americanas, e que corroerá, há que duvidá-lo, também a de vocês.

E é com base no interesse de vocês de que tal não suceda, e ao nosso particular, de aproveitar dito interesse por sua vez para transformar um sistema político que nos impede de influenciar sobre nossos governantes com ideias que difiram das admitidas por eles (a não ser por vias tão indiretas como a presente), que lhes peço condicionem qualquer avanço de Cuba no caminho da integração a que:

Nela a soberania deixe de estar teoricamente nas mãos dessa teleologia na qual alguns  terminaram convertendo o pensamento de Carl Marx, e na realidade nas de uma elite política octogenária, que a exerce graças à persistência de um sistema eleitoral que por seu formato se anula a si mesmo sempre que a iniciativa proceda de outro lugar social que não seja a mencionada elite, para passar em troca às do povo, que deverá exercê-lo mediante um sistema político não necessariamente pluripartidarista, mas que se deverá garantir que os distintos grupos de pensamento, que de forma invariável surgem em qualquer sociedade, possam reconhecer-se, associar-se e auto organizar-se na defesa de suas mais amplas posições, em um meio que permita o debate respeitoso e efetivo.

Ou seja, que como se vê, o que desejamos não é que vocês nos ajudem a impor desde o exterior uma mudança de regime político, ou não de propriedade, à sociedade cubana, senão que nos ajudem a colocar ao alcance da mesma os mecanismos político-participativos que lhe garantam o poder de fazê-lo, se é que o crera conveniente ou até necessário.

Por último esclareço, ante as seguras tergiversações, que como cubano partidário da Doutrina Grau, que proíbe de modo enfático o uso de sanções econômicas como meio de pressão política, não estou pedindo de vocês o estabelecimento de um segundo bloqueio a Cuba, agora a partir do Gigante do Sul, senão que condicionem qualquer novo avanço de Cuba nos mecanismos de integração, seja econômico ou político, a seu avanço na direção do sistema político baseado na real soberania popular. A que em definitivo se supõe aspiramos todos em uma futura América Latina unida; ou não?

Respeitosamente,
José Gabriel Barrenechea.

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Versão Original:

Carta abierta a la izquierda brasilera.

Según su visión del presente, por primera vez en 200 años nuestros pueblos se encaminan hacia una efectiva unión que trascienda lo económico y llegue hasta lo político. Por lo tanto, si son ustedes consecuentes con su discurso, se hace impostergable que definan con absoluta claridad cuáles son esas formas políticas sobre las que desean trenzar nuestra futura, e hipotética, unidad.

¿Soberanía en manos de elites que se fosilizan al timón del estado a nombre, y hasta en la sincera creencia de defender de esa manera los intereses del pueblo, o verdadera soberanía popular…? He ahí el dilema a que se enfrentan quienes al presente intentan unir a la América Latina como una entidad supranacional; supuestamente imprescindible a la existencia de nuestros pueblos en este nuevo siglo.

En este sentido, si es que de modo sincero han optado ustedes por la segunda opción (soberanía popular), les debe de ser evidente que admitir de modo incondicional en los mecanismos e instituciones integradores a una Cuba que persiste con obstinación en la primera (soberanía en manos de élites), no puede ser más que un contraproducente y costoso error.

Tal concesión, más allá de las ingentes e irreconciliables incongruencias que traería en el largo plazo la existencia dentro del mismo organismo supranacional de estados basados en antagónicas concepciones de la soberanía, en lo inmediato generará, como ya ocurre, un claro sentimiento de suspicacia en la ciudadanía hacia el discurso de las fuerzas políticas que apoyaran dicha concesión. Es lógico que de fuerzas políticas que se prestan a tal, la ciudadanía sospeche que tras sus propuestas no se enmascare más que el deseo de implantar subrepticiamente un modelo político similar al cubano. Suspicacia que corroe hoy día la popularidad de otras izquierdas latinoamericanas, y que corroerá, a que dudarlo, también la de ustedes.

Y es en base al interés de ustedes de que tal no suceda, y al nuestro particular, de aprovechar dicho interés  a su vez para transformar un sistema político que nos impide influir sobre nuestros gobernantes con ideas que difieran de las admitidas por ellos (a no ser por vías tan indirectas como la presente), que les pido condicionen cualquier avance de Cuba en el camino de la integración a que:

En ella la soberanía deje de estar teóricamente en manos de esa teleología en que algunos han terminado convirtiendo el pensamiento de Carlos Marx, y en la realidad en las de una elite política octogenaria, que la ejerce gracias a la persistencia de un sistema electoral que por su diseño se anula a sí mismo siempre que la iniciativa proceda de otro lugar social que no sea la mencionada elite, para pasar en cambio a las del pueblo, que deberá ejercerlo mediante un sistema político no necesariamente pluripartidista, pero que si deberá garantizar que los distintos grupos de pensamiento que de forma invariable surgen en cualquier sociedad puedan reconocerse, asociarse y autoorganizarse en la defensa de sus más amplias posiciones, en un medio que permita el debate respetuoso y efectivo.

O sea, que como se ve lo que deseamos no es que ustedes nos ayuden a imponer desde el exterior un cambio de régimen político, o en el de propiedad, a la sociedad cubana, sino que nos ayuden a poner al alcance de la misma los mecanismo político-participativos que le garanticen el poder de hacerlo si es que lo creyera conveniente o aun necesario.

Por último aclaro, ante las seguras tergiversaciones, que como cubano partidario de la Doctrina Grau, que prohíbe de modo enfático el uso de sanciones económicas como medio de presión política, no estoy pidiendo de ustedes el establecimiento de un segundo bloqueo a Cuba, ahora desde el Gigante del Sur, sino que condicionen cualquier nuevo adelanto de Cuba en los mecanismos de integración, ya sea económico o político, a su avance en la dirección del sistema político basado en la real soberanía popular. A que en definitiva se supone aspiramos todos en una futura Latinoamérica unida; ¿o no?
Respetuosamente de ustedes,
José Gabriel Barrenechea.

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