A propósito de las Palabras de Año Nuevo (leídas) del General Presidente


Ciencia es esa actividad del espíritu humano que inauguró Tales de Mileto cuando más que condenar la labor de su discípulo Anaximandro, que rompió por completo con lo que había aprendido junto a él, la estimuló. Hasta entonces todo discípulo solo completaba, o adornaba, las ideas de su maestro, que pasaba a convertirse en una especie de profeta. Tales comenzó una larga tradición en que cada uno de nosotros busca su verdad partiendo de criticar la que nos legaron nuestros ancestros; a sabiendas de que la Verdad es un bien elusivo que nunca alcanzaremos a encerrar en nuestras carteras. Destino trágico, según Unamuno, pero por lo mismo, siempre según él, digno del hombre.

Creo sinceramente que la ciencia es de por sí subversiva, y estoy seguro de que el primer teniente que levantó el acta mediante la cual se le pretendió dar un barniz de legalidad al robo de mi libreta de trabajo, coincidirá conmigo. Porque no nos engañemos, cuando estos señores ven en cualquier actividad del espíritu un acto subversivo, no están tan fuera de razón. El pensamiento independiente es el supremo peligro para el mundo recontra simplificado en que pretenden buscar refugio hombres como el mentado policía; de paso encerrándonos a nosotros con ellos, por cierto (si no intentaran imponerme su autismo de veraz ni me ocuparía de ellos).

Esto lo comprende muy bien el jefe del policía de marras, Raúl Castro, que fue quien cerró el Centro de Estudios de América en 1996, y al parecer uno de los promotores, sino el principal, del que 25 años antes sufrió el Departamento de Filosofía de la Habana. Por lo que su afirmación, en su reciente discurso de 1º de enero en Santiago, de que contaría con las potencialidades todavía no plenamente  utilizadas de sus intelectuales, Centros de Investigación y Universidades, no debe ilusionar a nadie. La única aceptable “conceptualización teórica del socialismo posible en las condiciones de Cuba” es la suya propia, y todas las demás que ya hoy existen gracias a pensadores de izquierdas nuestros, solo sirven, a su modo de ver, para recargar un poco más de trabajo sobre la ya desproporcionada plantilla de su policía política (aquí me solidarizo con los justos reclamos de los compañeros del Departamento 21: Necesitan en verdad de una nueva sede más amplia. ¿El Capitolio?, o algo más discreto, digamos, ¿Guanabacoa?).

Quienes como Julio César Guanche o Idiel García creen de buena fe que se puede tener un pensamiento propio en Cuba sin romper con La Revolución, deben acabar de entender que ello es imposible en definitiva. Porque en primer lugar Revolución no es otra cosa que: “defender valores en que Yo creo al precio de cualquier sacrificio”, “convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de Mi Verdad y Mis Ideas”; o lo que es lo mismo, La Revolución hace mucho no es nada más que el eufemismo utilizado para designar a la soberana voluntad del Mandante en Jefe de turno. Ello debería quedarles claro cuando a pesar de que abundan en Cuba las propuestas de esa fidelísima izquierda ( y capaz), casi para cada aspecto de nuestra realidad, Raúl Castro habla de “muchísimo trabajo por hacer” y de potencialidades “aún sin utilizar plenamente”.

Que finalmente invoque la intangibilidad del PCC como partido único debería terminar por despertar a los dos o tres pensadores de izquierdas que, honradamente, crean de que en realidad se les va a dar la posibilidad de participar en la búsqueda del modelo socialista cubano. Para Raúl los conceptos que deben seguir siendo vitales son los leninistas, y no lo martianos o marxistas, y en el sistema conceptual de Vladimir Ilich Lenin los intelectuales e investigadores tienen poco, o nada que hacer (salvo molestar y pararse pendejamente frente a los pelotones de fusilamiento). El socialismo en este no es el resultado de una búsqueda intersubjetiva de la verdad, por el contrario, es la imposición por la neo-iglesia, el partido, de un mundo sintético, radicalmente simplificado, a dónde puedan correr a esconderse como el avestruz los hombres que le temen a enfrentar ese mundo infinitamente complejo, siempre presto a asombrarnos, y a superar con mucho nuestras expectativas, que nos rodea.el General Presidente

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