Cosas de mexicanos.


José Gabriel Barrenechea.

-Pos ni modo, resolvámoslo a lo mero macho- le ripostó Afranasio, y se quedaron mirándose a las ranuras de los ojos, que brillaban como ascuas en medio de las sombras que proyectaban sus sombrerotes.

Nicasio era más rápido de reflejos, por más o menos medio milisegundo, suficiente para ganar. Por desgracia su madrecita, santa viudita, se le lanzó encima. Y es que ya antes había pasado por una experiencia semejante. Le habían matado a su hombre, Don Domitilo, en el mero medio de la Luna de Miel.

-¡No te me desgracies mi hijito, no te me desgracies…!- le gritó, mientras se le colgaba de su mano derecha, la que no fallaba.

Nicasio expiró mientras le besaba las canas a la ancianita, entre las lágrimas de todos, incluido Afranasio:

-Ni modo, que uno también tiene su corazoncito.

A Nicasio ni por un momento le pasó por la cabeza cagarse en la madre que lo parió. Era, a que dudarlo, un purotote macho mexicano.

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