Entrevista a Otilio Carvajal


Aunque en un inicio me propuse colgar aquí solo trabajos míos, la constatación de los muchos de calidad que no llegan a publicarse debido a que sus autores no encuentran dónde, me ha hecho cambiar de opinión. También, claro, el privilegio de publicarle a nada menos que a Otilio Carvajal, lo que no es poca cosa. En lo que sigue el autor de El Libro más Triste del Mundo ha reciclado, para darse voz, a uno de los heterónimos que ya han inundado al Malandrero Cubano X, y que amenazan también a El Ingenio. Quiero agregar que la acusación que se me hace es más disparatada aún de lo que él cree: De Marxista-¿Leninista?, y que las razones de mi salida voluntaria de Plural y de mi negativa a publicar en el Malandrero, no son otras que mi inconformidad con una pertinaz y disparatada  censura, que por demás nada tiene que ver con la defensa de la libertad de prensa o expresión, pero por sobre todo con el turbio negocio de los heterónimos, en que muchos parecen escribir, y solo unos pocos cobran…

ENTREVISTA AL POETA OTILIO CARVAJAL

Por Dayana Pérez Bocarriba.

El G-2 me impidió ir a La Habana al lanzamiento de nuestra nueva revista ¨Cuadernos para la Transición¨, pero ¨a quien no quiere caldo se le dan tres tazas¨

El blogger lee los “disparates” de Otilio.

La cita era para las tres y media, pero puse mucho cuidado en estar frente a su casa de Villuendas 56  un cuarto de hora antes para evitar que algún intruso me robara el «tiempito» de conversación que tres días antes me prometiera el poeta.

Otilio Carvajal (Chambas 1968) es un conversador entusiasta, asume cualquier tema y puede pasarse horas desmenuzándolo. Conversar con él es cosa fácil, pero debe ser de manera extraoficial: detesta las entrevistas. Desde que me gradué de periodismo he tratado en vano de que me conteste algunos cuestionarios; en todas las oportunidades ha rechazado mi solicitud sin tan siquiera tomarse la molestia de explicarme su negativa. Esta vez tuve suerte: «el tema me motiva» dijo con voz torva y ese matiz que le pone a la voz, y el interlocutor se queda sin descubrir si lo dice con las salpicaduras de su ácida ironía o por verdadero interés.

A las tres y media, me abrió Eleonor, su esposa. Luego de los saludos de rigor —más bien fríos, porque ella nunca ha tolerado mi cercanía con el poeta— me dijo que esperara unos minutos que «Oty está hablando por teléfono con Pérez Díaz porque van a publicarle El libro más triste del mundo en Gente Nueva, y está precisando los detalles».

—¿Quieres un té?

—Gracias —asentí.

El té era de manzanilla, y cuando degustaba el último sorbo se apareció el poeta con cara de cumpleaños. A la velocidad de la gacela alisté el grabador.

Otilio: Me alegra que seas tan puntualita. Es un rasgo poco común en la Era Ruidosa.

Dayana: Es que me interesa mucho lo que digas sobre el tema de la entrevista y solamente falta este trabajo para cerrar el número.

Otilio: Es interesante; generalmente no concedo entrevistas, pero creo que tu propuesta se deslinda de lo personal, es decir, que no intentarás hacerme un «cuéntame tu vida». Detesto cuando los periodistas se ponen impertinentes y quieren hurgar en la vida uno, mostrarlo al público como si fuera un objeto museable. Yo tengo una vida tan igualita que la de los demás cubanos;  el solo acto de escribir no hace a nadie interesante. Por ejemplo, si yo hubiera ido al espacio o hubiera estado en Nueva York durante el siniestro crimen contra la población civil cuando derribaron Las Torres Gemelas o en la peregrinación de la sal con Gandhi, valdría la pena que hurgaran ahí…

Dayana: No, no, nada de eso. La idea es que hablemos sobre las revistas digitales… tu percepción, tu criterio… lo que piensas sobre ellas.

Otilio: ¿En Santa Clara?

Dayana: Para empezar estaría bien por nuestra ciudad.

Otilio: Ujum…

Dayana: Según he revisado eres el único escritor que ha publicado en todas.

Otilio: No en todas…

Dayana: Bueno, pero eres el que más ha publicado en ellas…

Otilio: Ujum… No empieces a hablar de mí, vamos a charlar sobre las revistas. Hay varias. Casi todas tan buenas como innecesarias. Unas son producidas por el sistema institucional del gobierno y otras por segmentos de la oposición política. Contra viento y marea es —creo— de la AHS y del Instituto del Libro o al menos esta última institución la financia aunque es evidente su autonomía editorial. Me parece un nombre muy simplón que sigue la ramplonería de los nombres de las revistas cubanas. Publican críticas y breves ensayos interesantes allí, pero le sucede lo mismo que Hacerse el cuerdo de la UNEAC, no se pueden leer. No existen. Ambas nacieron con mucha fuerza, pero la indigencia digital en la que vivimos hace que las dos (que son las mejorcitas que hace el gobierno) pasen como fantasmas y se conviertan en instrumentos innecesarios. El cuerdo… antes era otra cosa. El poeta Jorge Ángel Hernández se ocupaba de realizar un espacio de «pensamiento crítico» que permitía además del diálogo promover el contenido de la publicación. Ya eso no se hace y ni siquiera los que continuamos entregando nuestras obras nos enteramos cuándo está lista y cómo obtenerla. Considero que deberían detenerla hasta que encuentren un método para que llegue a la comunidad lectora y vuelvan a realizar aquellos interesantes debates culturales.

Dayana: Ahora la hace Yamil Díaz.

Otilio: Yamil edita la revista. Él es uno de los buenos editores que hay en Santa Clara, pero no creo que sea el responsable de que el cuerdo se haya convertido en el fantasma que es ahora. Quizás cuando Jorge Ángel dejó la revista debieron no realizarla más. Aunque los de la UNEAC lo nieguen ese era un proyecto personal, que el propio hache empujó hasta convertirla en la más visibles de todas (impresa y no impresa). Él había creado Umbral y tuvo que retirarse de la publicación porque prácticamente estaba sometido a un sistema de esclavitud. No encontró en el CPL el oído inteligente que le ayudara y …pensando mal… creo que abrieron la puerta para salir de la criatura polemista que es Jorge Ángel… un intelectual ante el que nadie permanece pasivo; unos lo quieren y otros le detestan. Todos sus proyectos de publicación llevan la marca del contrapunto, de lo diverso y de lo provocativo. Me gustaría mucho recordarte que Umbral llegó a ser una revista destacada a nivel de país; la gente hablaba de ella por su carácter polémico y también por sus artículos de fondo. Nunca más ha sido la misma. Ahora, aunque Ernesto Peña consiguió eliminar todo el ruido que se hizo sobre ella luego del fatal episodio entre Pedro Llanes y Jorge Ángel, Umbral no ha podido recuperar el estrellado. Y es normal, si revisamos el proceso histórico de las revistas cubanas siempre encontraremos a una figura que funge como «cabecilla»: el Orto de Navarro Luna, El Orígenes de Lezama, etc.

Dayana: Pero Umbral no es una revista digital.

Otilio: Tiene una versión digital que la creó el propio Jorge Ángel. Pero te expongo el caso de Umbral para que entiendas la motivación con la que él comenzó a realizar Hacerse el cuerdo. Sin sitio web ni nada, los primeros números se los leía todo el mundo, nos los pasábamos en pen drive y hasta crearon una versión sin imágenes que recibíamos por correo electrónico. Era una publicación cálida, cercana, pero también con mucha vocación universal y el deseo de establecer un diálogo entre los pensadores de la cultura y el poder institucional. Ojalá y un día consigamos un proyecto similar, un proyecto que permita la interacción crítica, que fue espacio común en la ciudad y que falleció de muerte oficial.

Dayana: ¿Y contra viento y marea?

Otilio: Solo me entero de su existencia cuando Jorge Luis Rodríguez, el gago, me pide colaboración. Hasta donde sé la presentan, y ese día uno va con una memoria y puede descargarla. Es una revista para las diez o doce personas que asisten a la presentación. No han promocionado mecanismos para que los lectores puedan obtenerla. Creo que no tiene una presencia destacada en la vida literaria de la provincia y es una pena su invisibilidad porque es muy buena publicación, pero usted puede tener la mejor entrevista del mundo que si no la saca del cajón jamás alguien podría validarla. Las instituciones y asociaciones rectoras deberían revisar el impacto de sus revistas, si vale o no la pena ponerles dineritos a esos proyectos y luego permitir que se desdibujen o que se conviertan en espectros que no le salen a nadie, que no jalan los pies ni asustan.

Dayana: Al principio de la entrevista comentaste sobre la existencia de publicaciones digitales realizadas por la oposición política: ¿cuál te parece que valga la pena?

Otilio: Conozco tres: Cuadernos de pensamiento plural, El mensajero e Ingenio. La tercera tiene muy corta vida por lo que no me detendré en ella hasta que pase el tiempo. El mensajero es como especie de un boletín que persigue más bien la instantánea política en esa praxis —tan vieja como el bloqueo— de solo resaltar las manchas que tiene el cuerpo total de la nación. Yo conozco tres Cubas: la idílica que muestra el NTV, donde todos los países del planeta están fastidiados mientras nosotros crecemos un retanto por ciento en relación a igual etapa del año anterior; el país desastre-total que muestran «algunas» publicaciones de la oposición y la Cuba en la que vivo todos los días, que ni es el paraíso, pero tampoco el infierno. El mensajero peca de absolutismo antagónico. Su diseño es bello, tal vez sea la publicación más atractiva en lo visual de cuantas se hacen en Villa Clara, pero se regodea demasiado en la tontalización de los temas y termina por ser un boletín ligero. Como bien sabes me gusta el pensamiento divergente, que la gente escriba lo que piensa y siente, a partir de lo que se conoce como «libertad con responsabilidad», y del concepto que manejaban los filósofos de la Ilustración sobre la libre difusión de las ideas; igual que aquéllos, creo que «la posibilidad del disenso fomenta el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política». Claro, disentir no es sinónimo de canallizar, ocultar o simular; disenso no quiere decir ocultar la verdad o impedir que se conozca el cuerpo total del objeto. No sé si has leído algo sobre «mercado de ideas». Se trata de una tesis elaborada por dos juristas estadounidenses: Louis Brandeis y Wendell Holmes, que se vincula con «el descubrimiento de la verdad» según John Stuart Mill. Hace poco estudié un material sobre el tema que me motivó mucho; hablaba sobre como «la verdad de una idea se revela en su capacidad para competir en el mercado. Es decir, estando en igualdad de condiciones con las demás ideas, los individuos apreciarán qué ideas son verdaderas, falsas, o relativas. Este argumento ha sido criticado por suponer que cualquier idea cabría en el mercado de ideas. Y aun así, el que unas ideas tengan mayores medios de difusión las impondría sobre otras, al margen de la verdad. La alternativa a esta debilidad del mercado de ideas sería la persecución de la falsedad. Pero esta presenta su propia debilidad, ¿cómo saber si se está en lo cierto si se persigue la opinión disidente? Incluso si pudiéramos tener la certeza de la verdad de una opinión, la existencia de opiniones disidentes permite poner a prueba, mantener viva y fundamentada la opinión verdadera y evita así que se convierta en dogma o prejuicio infundado». Es interesante, muy interesante: en las empresas digitales oficiales la idea disidente es toda aquella que agreda al estado; en las empresas digitales de la oposición la opinión socialista, que felicite cualquier acontecimiento de la Revolución, es una idea disidente. Un juego de extremos donde jamás ninguno de las dos ideas en pugna se rozan. Durante años y años las publicaciones oficiales han sido severamente criticadas por su filiación a una sola tendencia, pero lo triste del caso es que quienes las critican hacen lo mismito cuando tienen un soporte donde publicar sus «ideas».

 

Dayana: ¿Y  Los cuadernos…?

Otilio: Quizás —fíjate que digo quizás— para hablar sobre Cuadernos de pensamiento Plural —que a partir de ahora llamaré Plural porque ese nombre es demasiado largo y ya me siento un poco fatigado por tanto hablaquetehabla— fue que te acepté esta entrevista. Como seguramente sabes en todos los números de Plural salieron trabajos míos y muchas de sus ediciones fueron discutidas o planeadas delante de mí, en «ese hervidero de las diferencias conciliables» que es el café literario de Santa Clara. Su director fue —o es, no lo sé bien— Librado Linares, un opositor que se hizo visible por haber sido uno de los presos de la llamada «Primavera negra». El pastor Mario Félix Lleonart y su esposa forman parte de su Consejo de Redacción, Gabriel Barrenechea es su coordinador, mientras que el padre Félix Ben Castilla diseñó todos los números. Como he dicho muchas veces soy un socialista en la extensa geografía del término; mi vocación hacia el socialismo científico se atrinchera en los principios básicos del materialismo histórico y encuentra sus fuentes proteicas en Marx, Engels y en las interpretaciones y aportes del naródnik ruso Gueórgui Valentínovich Plejánov, quien bajo el seudónimo de N. Beltov publicara el clásico La concepción monista de la historia. Una grandísima parte de mi visión filosófica del mundo se la debo al estudio esmerado de la obra de Plejánov, cuyos textos —lamentablemente— no se conocen en Cuba tanto como me gustaría, entre ellos sus estudios sobre Visarión Belinski. Es preciso esclarecer que no formé nunca parte del consejo de publicación de Plural, aunque sí he estado muy cerca de ellos gracias al sentido verdaderamente heterodoxo con que empezó la publicación. Era la nave donde cabíamos todos: las publicaciones del gobierno no aceptaban (ni aceptan) escritos contrarios a la revolución y era una locura pensar que una revista disidente publicara una loa al sistema de salubridad cubano, como el que escribí para el tercer número de Plural. Si tú revisas esos primeros tres episodios de la revista te darás cuenta de que es única en términos de espacio de libertad y de respeto al pensamiento diferente. Ya no es lo mismo. La salida por cuatro meses del pastor Mario Félix, que con su sola presencia mantenía un precario equilibrio, permitió que la concepción inicial se debilitara desde sus cimientos. Comenzó a florecer el mal que castra a los grupos disidentes: el interés parcelario, el extremismo anticastro, y Plural se convirtió en un territorio de censuras. El director de la publicación, que es un hombre sin ningún entrenamiento o conocimiento sobre revistas, y de muy limitadas cultura y luces, puso cortapisas a varias obras y los intelectuales interesados en participar se alejaron; así se censuraron originales de Eduardo Galeano y textos de autores del territorio que, aunque no contraían ningún compromiso político entre sus líneas, poseían ellos cierta integración de militantes revolucionarios. Junto a la censura siempre aparecen dos enemigos públicos: la mierdocridad y el intrusismo oportunista. Así comenzaron a revelarse los paquetes de heterónomios: un mismo autor firmaba con nombres inexistentes tres o más trabajos. No es necesario ser un lector muy perspicaz para reconocerlos: los mismos costurones, las mismas erratas gramaticales y los mismos gazapos sintácticos. La revista escapó de su vocación plural y corre el peligro de perderse en ese laberinto de «lo mismo con lo mismo». Las últimas noticias han sido muy desalentadoras: Gabriel Barrenechea, quien se ocupaba de organizar la revista, o sea, de solicitar los textos y componer la revista, ha sido separado de la publicación y acusado por Linares de «alentar las corrientes socialistas» dentro de ella. Gabriel tiene el mismo olor a socialista que una cebolla morada podría oler a café carretero. Creo que él es un hombre de centro-izquierda (si es que todavía existieran la izquierda, el centro y la derecha), opositor al sistema político cubano, pero capaz de reconocer que en todo caso no se podría hacer borrón y cuenta nueva, que la Revolución es ya parte de nuestra historia. Un individuo abierto a todas las ideas, siempre que esas «ideas» sean vertidas con honradez y traigan una apoyatura teórica firme. El diferendo entre Gabriel y Linares tiene más que ver en que el primero es un hombre de pensamiento mientras que el segundo, a pesar de reconocerse como un hombre pacifista, genera acciones, movimientos, puntos de ruptura físicos con la oficialidad. A Librado le sobra todo lo que huela a Fidelismo, Gabriel puede convivir con todas las líneas de pensamiento, y hasta creo se pasaría una tarde entera compartiendo amigablemente con el mismísimo Comandante si tuviera ocasión de ello.

Dayana: Me quedan tres preguntas.

Otilio: Te las contesto en otra ocasión, ya tengo que buscar al niño a la escuela…

(Por dificultades financieras el autor no puede leer sus comentarios. Si tuvieran a bien enviárselos a jgabriel@nauta.co.cu promete responderlos en sus mismos posts)

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