De Marx a Chávez: Cómo el Marxismo se convirtió en un anti-progresismo (2).


José Gabriel Barrenechea.

Pero para fines del siglo XIX el Socialismo como partido político no solo prospera en el centro de occidente. Para entonces se habrá extendido a la periferia. Aunque en ningún lugar va  convertirse en partido mayoritario, quedando reducida toda su influencia a ciertas regiones y ciudades industrializadas, donde incluso tiene que competir con populistas de todo tipo, y principalmente con las más variadas especies de anarquistas, para ganarse el apoyo obrero.

Uno de los más importantes de dichos partidos será el ruso. El PSDR es fuerte en la capital imperial y cara de Rusia a occidente, Petrogrado, en que abundan los establecimientos industriales de altísima concentración. Con todo, incluso allí deberá abrir sus bases a otros grupos y clases sociales, ya que los obreros rusos carecen de la ilustración que puede encontrarse en sus contemporáneos europeos. Son hijos o nietos de siervos recién liberados en 1861, que han dejado los campos para buscar suerte en las ciudades o regiones industrializadas. En su gran mayoría analfabetos y con la mentalidad tradicional a flor de piel, devotos como sus bisabuelos campesinos del “padrecito Zar”, ser de suprema bondad, a quien sin embargo engañan sus ministros, los especuladores capitalistas y hasta algún que otro pope ambicioso.

Se abre necesariamente la membresía a otras clases y grupos, y en consecuencia se adherirán al socialismo militante por sobre todo intelectuales admiradores de occidente: Cientos de ellos, en su gran mayoría poliglotas y cosmopolitas, a quienes atrae por sobre todo esa predicha Revolución Mundial que desde el corazón de occidente ira poco a poco expandiendo al resto del mundo sus estándares de progreso, y libertades. El cambio en Alemania, la puerta de occidente para Rusia, de revolucionarismo a evolucionismo, no cambiaran en esencia el esquema. De occidente seguirán  viniendo los cambios, solo que no mediante violentas convulsiones, sino gradualmente. Solo cabe en consecuencia aprovechar las escasas libertades que ha concedido el Zar tras la Revolución de 1905, y desde una Duma que en muy poco se parece al Bundestag, y muchísimo menos al parlamento británico, ponerse a la obra con los partidos liberales para construir primero el Capitalismo, crear la mentalidad adecuada y luego emprender la construcción del socialismo cuando en Europa ya se esté bastante adelantado en esa dirección.

O sea, que para los socialistas marxistas rusos, como para Marx, el socialismo es algo que solo podrá darse primero en Europa Occidental para desde allí extenderse más tarde al resto del mundo.

A esta visión se opondrá Vladimir Ilich Lenin, un intelectual de procedencia nobiliaria. Lenin se escinde  con algunos seguidores en 1913 y funda un nuevo Partido, el bolchevique o comunista, partido que en apariencias solo se distingue del Partido Socialdemócrata Ruso  en que, a diferencia de este último, se mantiene fiel a la creencia original de Marx de que se debe destrozar por completo al estado burgués si es que de veraz se quiere comenzar el periodo de transición hacia la sociedad sin clases, y no intentar aprovecharse de su parlamentarismo. Algo más los separa. Para Lenin Rusia ya no será el siguiente eslabón en la cadena de Revoluciones que necesariamente comenzará en occidente, sino la chispa que les dé comienzo.

Más incluso para él, el reorientador del marxismo en una nueva dirección, occidente sigue siendo lo vital: Una Revolución es inconcebible que pueda mantenerse solo en Rusia a menos que triunfe de inmediato en Rusia.

En definitiva la Revolución triunfa y los comunistas de Lenin se hacen del poder, no tanto por sus especulaciones sobre cómo organizar la sociedad post-capitalista, como por el prosaico hecho de que el bolchevique es el único partido que está dispuesto a sacar a Rusia de la Guerra Mundial de inmediato, y a repartirles la tierra a los campesinos sin muchas, o ningunas, consideraciones.

Más pasan los meses primero y los años después  y contrario a lo esperado en occidente no acaba de desencadenarse la Revolución Mundial. Para rematar, como a propósito para desengañar a quienes comienzan a especular sobre ayudarla con las bayonetas del Ejército Rojo, este es derrotado a las puertas de Varsovia por un pueblo que se levanta en pleno a defender su recién ganada soberanía.

No obstante, la mayoría intelectual cosmopolita, todavía por entonces al frente del partido bolchevique, sigue a la expectativa y ante cualquier escaramuza de callejón en Berlín reactiva sus esperanzas. Ridículamente solo para quien no conozca la trampa en que han caído, las circunstancias en que se descubren sumergidos de lleno al término de la Guerra Civil. Dirigen un país que hasta la Revolución fue quizás de los más contrastantes del planeta. Por un lado una minoría políglota, altamente educada en los valores occidentales, que ha dado músicos, escritores, pensadores, científicos… plenamente imbricados en la tradición occidental, por el otro mujiks u obreros semibestializados, a los que tan vivamente retrata Gorki en sus novelas. A ellos, sin embargo, solo les toca dirigir de estos últimos, los primeros o se han marchado o han muerto en la cruenta guerra civil.

Pero además, en lo económico el país es una ruina que se encuentra muy por debajo de los niveles alcanzados en 1913. Lo cual resulta en sí lo más preocupante, porque ya incluso para aquella fecha Rusia era incapaz de autoabastecerse de los productos necesarios para la existencia de cualquier sociedad contemporánea, y lo que más atemoriza a esa elite: para alcanzar a tener los medios para defenderse de las grandes potencias, y mantener por consiguiente su independencia política.

A la muerte de Lenin es ya absolutamente claro que continuar a la espera de occidente solo los llevará al suicidio político. El tiempo de la NEP, con la que se pensaba ir capeando el temporal, ha terminado. Debe ser abandonada ya que de ningún modo logrará convertir a la URRS en la gran potencia industrial, capaz de defenderse en un mundo en el que la producción de acero se contabiliza por millones de toneladas. Pero no solo ha llegado la hora de la NEP. Se deben tomar medidas más expediticas y los viejos hombres no son de ningún modo los idóneos.

Con Lenin muere el cosmopolitismo intelectualista en la dirección del Partido. Una muerte nunca más apropiada. Es bueno destacar que estos nunca fueron mayoritarios en el partido, y si alcanzaron a copar su cúspide fue por el favor especial hacia ellos del líder indiscutible y fundador del mismo, que al parecer, y en base a su Teoría de la Vanguardia, siempre pensó que ese era el orden natural de la cosa política.

La gran masa, sin embargo, del masivo aumento del partido desde julio del 17 en adelante serán hombres de acción, y por sobre todo oportunistas, con una visión del mundo maniquea, propia de esa casi bestializada mayoría de población rusa. Stalin será su máximo representante, oscuro hombre de acción hijo de siervos, educado en instituciones religiosas de provincia.

Son ellos quienes se harán del poder.

Para este nuevo grupo la visión de occidente ya no será la misma. A diferencia de Plejanov, Lenin, Trostky, Bujarin, Kamenev y tantos otros, no conocen más que Rusia. Occidente ya no es el ideal, sino el enemigo. Sus libertades solo les provocan suspicacia si es que de ellas han tenido alguna noticia. El progreso solo es un arma para mantener el poder frente a los poderes mundiales.

Surge entonces, y con ellos, la idea del Socialismo en un solo país, la URSS.

Hacia 1929 en Rusia se cierra un ciclo en la evolución del Socialismo. De corriente de pensamiento que busca mejorar las sociedades occidentales, a reacción defensiva ante este por parte de la periferia y del más allá cultural.Lenin_CL_Colour

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