Rolando Rodríguez versus Carlos Prío.


José Gabriel Barrenechea.

De que el Batistatocarece de posibilidad de enraizar en nuestro presente, y de que la tradición democrático-republicana a la que aquel puso a hibernar, la madrugada del lunes 10 de marzo de 1953, desvela cada noche más al medio centenar de ancianos intransigentes, da buena muestra una conferencia de uno de ellos. Rolando Rodríguez, en Batista y el golpe revolucionario de estado (del 4 de septiembre de 1933), hace lo que entre 1952 y 1959 nadie hubiera ni tan siquiera imaginado podía hacerse: Pasarle al individuo Batista, y a la clase “proletaria” de los sargentos, los papeles protagónicos en dicho golpe, y a la vez restárselo a los jóvenes estudiantes demócratas (tal vez demasiado demócratas, como lo demostraría su preferencia por las formas de poder ejecutivo colegiado); y en especial a uno de ellos, a Carlos PríoSocarrás.

Lo que en definitiva puede hacerse porque Batista es al presente solo una osamenta política; porque vivimos cada vez más bajo un gobierno de militares que también se pretenden “proletarios”; y porque esa tradición democrático-republicana, puesta a hibernar hará pronto 62 años,da muestras de haber comenzado a bostezar y a estirarse en la cama, al menos en la de jóvenes intelectuales y políticos isleños.

En lo que sigue no voy a intentar demostrar, por ejemplo, que los sargentos no estuvieron nunca tan al control de la situación como por su parte trata de hacer creer Rolando Rodríguez. Yo no tengo el privilegiado acceso a los fondos cubanos de la época que posee este señor funcionario, devenido historiador, ni tampoco he recibido el privilegio de hacer expediciones, con todos los gastos pagos, a los Archivos de Indias o la Biblioteca del Congreso de los EEUU;a descubrir, como es su caso, mucho de lo que ya puede encontrarse en la obra de anteriores historiadores nuestros (y con una más amena redacción). Para intentar reivindicar el papel de Carlos PríoSocarrás en los sucesos que conllevaron a la más trascendental transformación enCuba durante el siglo XX, papel cuyo escamoteo resulta evidente que Rodríguez se ha impuesto, solo he echado mano de la lógica y del sentido común.

Comenzaré por preguntar: ¿si es real, como sostiene Rodríguez, que los miembros del Comité de los Ocho trabajaron desde muy temprano con la plena consciencia de dar un golpe militar que los dejara en el poder, como se explica que permitieran que la Pentarquía y el Directorio intentaran hacer volver a sus puestos a los oficiales, a solo horas de haberlo efectuado, en la noche del 6 al 7 de septiembre? El que admitieran tales intentos solo puede explicarse si aceptamos que incluso a varios días del golpe no tenían claro ni qué querían, ni muchísimo menos cómo lograrlo en definitiva.

Cito ahora a alguien, Lionel Soto,compañero poco sospechoso de querer afectar el sueño de los mencionados ancianitos.En La Revolución Precursora de 1933, cuando narra los sucesos de aquella noche del 4 de septiembre, escribe:

“Alrededor de las once de la noche se iniciaron las conversaciones que conducirían a una nueva situación”.

 “Lo primero que acertó a hacer aquel conglomerado fue emitir una “Proclama de la Revolución al pueblo de Cuba”, en la que se fijaban las líneas de conducta y se anunciaba la toma del poder”

Ahora, siempre según Lionel, el primer firmante de dicha proclama, o para ser más claros: del primer documento salido de la nueva situación, y por lo tanto redactado bajo la más completa impresión de las conversaciones que habían conducido a la misma, fue nada menos que Carlos PríoSocarrás.

¿Por qué, por ejemplo, si según el mismo Soto Sergio Carbó era el “…personaje individualmente más notorio y prestigioso de los allí presentes”, si además era el mentor de Batista, sobre quien tenía enorme ascendiente en ese momento, no es el primero de los firmantes en el documento que se colige, al ser el primero, refleje con más exactitud la correlación de fuerzas inicial?

No se puede ser tan iluso (aunque si por lo que parece malintencionado), de pensar que en el primer documento emitido por aquel conglomerado político, compuesto no precisamente por hombres que despreciaran la gloria, el lugar prioritario fuera concedido de forma aleatoria.

Por el contrario, tal ubicación en el listado de firmantes tiene una explicación más racional en el aquello de que los miembros del conglomerado han cedido el puesto de honor a quien ha sido capaz de reaccionar más rápido y destrabar una situación que parecía no ir a ninguna parte, por la oscuridad de fines de los sargentos, Batista incluido, y por la indecisión de casi todos.

Preguntado por mí sobre este particular, además de en tratar de restarle valor a dicho documento, Rodríguez basa su relegación, o más bien anulación, del papel de Prío en el 4 de septiembre, en los resultados de sus entrevistas a los participantes en aquellos hechos que todavía vivían a inicios de la década de los ochentas, y que residían en la Isla. Es de destacar, sin embargo, que dichas entrevistas carecen de toda validez en el particular, ya que quien las hace es un alto funcionario y valido de Fidel Castro, y por lo tanto alguien a quien nadie se atrevería a darle una visión por completo contraria y desfavorable de la que el régimen y su mandante sostenían por entonces (y todavía ahora). Visión que se empeñaba, y empeña, en desprestigiar con absoluta saña al periodo auténtico, y a cualquiera de sus figuras.

Newton Briones Montoto, por su parte, que ha realizado las mismas entrevistas, a los mismos personajes y por la misma época, que es además hijo de uno de los participantes de los sucesos del 4 de septiembre, en su libro de 2009, Esperanzas y Desilusiones, valida la versión de los sucesos de que me he servido en mi ensayo publicado por Guamo. La diferencia está, sin embargo, en que Newton nunca ha sido el historiador oficial del régimen.

No debemos, sin embargo, atribuirle la primicia en el intento de esconder el papel destacado de Carlos Prío en la Revolución del 33 al compañero Rodríguez. El mismo Lionel Soto, por ejemplo, en su anterior libro La Revolución del 33, por lo demás un trabajo muy amplio y respetuoso con las fuentes, había olvidado mencionar por sus nombres a los dos miembros del Directorio del 30 que desde un primer momento, y sin dudar, se opusieron a la “Mediación”. Y en verdad, tal olvido resulta en extremo sospechoso si sabemos que en ese momento muy pocos se habían declarado contra la “Mediación” (Grau San Martín y el general Menocal entre esos poquísimos), y que aun la mayoría del propio Directorio, que luego sería su principal contendiente, muy amalgamado y dependiente para entonces del ABC, se había mostrado en un primer momento dispuesto a apoyarla en los mismos términos que poco antes habían defendido para hacerlo sus profesores. 

O que en su Documentos para la Historia de Cuba, la doctora Portuondo, aun cuando en la fotocopia que presenta del original de la “Proclama de la Revolución al pueblo de Cuba” la Firma de Prío es visiblemente la primera que se estampó, coloque su nombre en la versión transcrita, sin embargo, en la cuarta posición.

  Presentación1.pptx

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