Un villista, y un estalinista, en la Cabaña.


El pasado jueves fue presentada en la Cabaña la Antología Padrecito Stalin, no vuelvas, seleccionada por Paco Ignacio Taibo II, quien también incluyó un texto suyo, y una nota inicial. El pequeño volumen resultó de la cooperación de las editoriales Rosa Luxemburg Stiftung y Para Leer en Libertad AC. Por una de esas ironías, tan frecuentes en la surrealista Cuba, se escogió para la presentación nada menos que la sala dedicada al que quizás sea nuestro intelectual, y brillante, más ganado por el estalinismo: José Antonio Portuondo.

Se incluyen en este libro textos de Annie Kriegel, Ernst Fisher, Issac Deutscher, Victor Serge, Howard Fast, Trotski y como ya mencionamos, del propio Taibo. Si el objetivo del libro es el que nos avisa Taibo en su Nota preliminar, o sea, “abrir una puerta a las lecturas y el debate”, entre esa “nueva izquierda (que) está surgiendo en nuestro país de los movimientos estudiantiles, de la confrontación contra el PRI… de la resistencia obrera, los movimientos magisteriales…”, la selección pudo y debió ser mejor. Lo cual habría podido lograrse, incluso, si el antologador hubiese seleccionado otros más sustanciosos fragmentos de los mismos libros por él utilizados.

Esto de que escritores muy establecidos acepten tareas tales es un arma de doble filo. Es cierto que su nombre asegura una buena recepción del libro; que este en definitiva alcanzara a la mayor cantidad de lectores posibles. Sin embargo, tiene en contra que objetivos como los que se declaran en la nota,conllevan la paciencia de selección, la meticulosidad reflexiva que un escritor que ya está bien afirmado en el Parnaso no suele dedicarle a nada. Porque en una cuerda parecida a la de los dictadores, los autores icónicos también llegan a creer, cuando el elogio los rodea por todas partes, que con su solo tocar basta para producir obras maestras. Mas no es así y este librito es una buena prueba de ello.

Pero lo que interesa aquí es la parte cubana de ese libro, o lo que es lo mismo, su presentación. En este sentido se agradece que Taibo haya traído, para poner en manos de los cubanos, un libro en que se desenmascara a Stalin y el estalinismo. Recuérdese que el que sigue siendo nuestro bienamado Líder Histórico, ha salido par de veces de su lecho de convaleciente para defender en sus Reflexiones de Ultratumba al georgiano; o que nuestro estado, ¿socialista?, sigue organizado a la manera que Stalin consagró allá por 1936.

Para tapar esto último se consensuó con esmero al presentador. Nada menos que Fernando Martínez Heredia. Y como siempre nuestro profundo pensador de izquierdas no profundizó en nada, y dio tantas vueltas que poco faltó para dormir al auditorio (Creo que el colombiano Álvaro Castillo se tomó de verdad una siestecita a mi lado). Trató de salvar su conciencia, y la de su generación, según él, por haber desconocido lo que puede leerse abundantemente descrito en las revistas y periódicos de su adolescencia, y primera juventud. Trató de encontrar un argumento que le sirviese para demostrar que Fidel y Stalin no tienen nada en común, hasta que finalmente al minuto quince se dio por vencido, dándolo sin más por sentado.

Si de la política debe uno saberse retirar a tiempo, como Joffe, de la labor intelectual con mucha más razón; y aun con muchísima más si ambas actividades se solapan en el individuo en cuestión. ¡Se llega a cada extremos cuando uno ya ha dado lo que podía pero sigue empeñado en no soltar la teta de la vaca! Porque este señor, que nunca ha sido un pensador relevante, que no ha aportado nada nuevo, en determinado momento sí tuvo un relevante papel en nuestra política y vida intelectual. Mas tuvo esto su apogeo por allá por 1971, cuando se enfrentó a la decisión de cerrar el Departamento de Filosofía de la UH y la revista Pensamiento Crítico. Si por entonces se hubiera hecho fusilar, o si después por lo menos se hubiera retraído a las tinieblas de la anonimia, es seguro que su lugar estaría bien asegurado en nuestra historia, y en el del movimiento socialista mundial.

Mas el deber mal entendido, y luego las canonjías, terminaron convirtiéndolo en el abogadode que el estalinismo cubano echa mano para defenderse en ambientes más sofisticados.

La presentación terminó con un camarada alemán preguntándole a Taibo: ¿Pero qué alternativa quedaba en los treintas, porque tampoco el trotskismo era más respetuoso de la democracia que el estalinismo?, sin que a nadie se le ocurriera mentar al SPD. Porque como explicitó bien Heredia sin que nadie en la sala le saliera la paso, la violencia “revolucionaria” se sigue justificando.

Nada, camaradas, que valen los 4 o 27 de febrero venezolanos, pero nunca los 12.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s