Expediciones a Pinar del Río en 1896.


Antonio Maceo cruzó la trocha de Jaimiquí el 16 de septiembre de 1896. Foto: Juventud Rebelde

Antonio Maceo cruzó la trocha de Jaimiquí el 16 de septiembre de 1896. Foto: Juventud Rebelde

José Gabriel Barrenechea.

Algunos historiadores sostienen que la cúpula neoyorkina de la Revolución del 95, encabezada por  don Tomás Estrada Palma, en combinación con elementos racistas en el Gobierno en Armas, manejaron malintencionadamente los envíos de expediciones militares con el objetivo de paralizar a Maceo, ¡y hasta de propiciar su derrota y muerte! En lo que sigue intento demostrar el escaso basamento real de ese infundio, interesado.

Antonio Maceo entró en Pinar del Río en los primeros días de enero de 1896. Esta era la más fiel provincia a la corona española de por entonces, y sobre ella el recién llegado Capitán General, Valeriano Weyler (este genocida no merece el don), no tardó en concentrar lo fundamental de sus recursos militares y navales. Si se considera esto, y se otorga un plazo de dos meses y medio hasta que la columna invasora consiguiera transformarse en el 6º Cuerpo del Ejército Libertador, y lo más importante, tener algún dominio de las costas, o por lo menos comunicación esporádica con ellas, debe entonces admitirse que la fecha a partir de la cual no se justificaría la no ayuda de la Delegación gira más o menos alrededor del 1 de abril de 1896. Por tanto, para comprobar si en verdad la Delegación relegó a las tropas de Maceo en la distribución de sus abastecimientos, basta con contabilizar el número de expediciones que la misma envió a Pinar del Río entre esa fecha y el 10 de diciembre, fecha en que en Nueva York se conoció de la caída del Titán de Bronce, y compararlo con el número total de las enviadas a Cuba en dicho periodo.

En dicho intervalo de tiempo la Delegación envió a Cuba 12 expediciones, de las cuales 5 debieron haber arribado, según sus órdenes, a Pinar del Río, mas solo lo hicieron 3. La primera llegó en la goleta Competitor a las costas pinareñas el 25 de abril, con un cargamento de 200 fusiles y 60 000 cartuchos, que casi se perdió por completo al ser sorprendido el desembarco por una cañonera española, y por las guerrillas de Palma. La oportuna aparición del coronel Carlos Socarrás consiguió que se salvaran unos 10 000 tiros.

Esta fue la única expedición que arribó al cuerpo de la provincia de Pinar del Río propiamente dicho, y como se ve constituyó casi un fracaso.

La segunda expedición que debió haber llegado a Pinar del Río, de seguir las órdenes recibidas, no lo hizo porque la tripulación del barco que la transportaba, y los expedicionarios que venían en ella, decidieron en alta mar no arriesgarse y en  consecuencia siguieron para Cabo Cruz, en Oriente, adonde arribaron el 4 de mayo. Navegaban en el vapor Bermuda, y traía, según una fuente, 414 fusiles, según otra, 1400. Cargaba además un cañón Hotchkiss, 500 000 cartuchos…

Debemos recordar que en 1895 todavía no existía la telegrafía inalámbrica. Por lo que ni el Delegado, Don Tomás Estrada Palma, y ni tan siquiera el jefe del Departamento de Expediciones, general Emilio Núñez, conocieron hasta mucho después del cambio de rumbo, del que en todo caso solo puede ser acusado el Coronel Francisco Leyte Vidal.

La tercera expedición si cumplió con la orden de dejar su cargamento en Pinar del Río y resultó en el más completo éxito. Arribo el 23 de junio a costas pinareñas en el Three Friends, en su tercer viaje a la Isla, y trajo 200 máuseres, 35 tercerolas remington, 300 000 cartuchos y 11 cajas de dinamita. Su jefe era Leyte Vidal.

Arribaron, y esto es muy importante, por la Ensenada de Corrientes, en la península de Guanahacabibes, cerca del caserío de María la Gorda.

La cuarta a Pinar del Río era una de las tres expediciones que la Delegación planeó mediante la combinación del Laurada y del Dauntless. Las otras dos debieron arribar, y lo hicieron con éxito, al norte de Camagüey y al sur de Oriente. En estas expediciones el Laurada transportó hasta la cercanía de la Isla el cargamento de las tres, y el Dauntless, más rápido y de menor calado, fue el encargado de ponerlas en tierra cubana.

La no llegada a tiempo de los expedicionarios de Oriente y Pinar, encabezados por el coronel Miguel Betancourt Guerra y el general Juan Rius Rivera, quienes fueron retenidos por las autoridades norteamericanas, provocó que Emilio Núñez en persona, que venía como jefe de mar, decidiera dejar la destinada a Pinar en el lugar más seguro: Oriente.

La decisión de dejar los cargamentos de ambas expediciones en Oriente era absolutamente lógica: En primer lugar, había que dejarlos en Cuba porque no se podían arriesgar los cargamentos a una posible incautación por las autoridades norteamericanas o británicas, de volver sobre sus pasos. En segundo, porque para desembarcar los pertrechos solo se contaba con los hombres a bordo designados para darle protección a las expediciones en alta mar. Téngase en cuenta que en Oriente los cubanos tenían un mayor dominio de las costas, algo que no podía ni soñarse en Pinar. En esta segunda provincia era impensable desembarcar, o dejar una expedición tan considerable, con los pocos hombres con que contaba Nuñez. Se dependía allí solo de la afortunada conjunción con las tropas de Maceo, mientras en Oriente la relativa densidad de tropas y de habitantes de prefecturas ampliaba el rango de posibilidades de encontrar apoyo considerable. Como ocurrió.

Vuélvase a observar que esta decisión, en la que no cabe sospecharse ninguna segunda malévola intención, se decidió a miles de millas de Nueva York, sin el conocimiento del Delegado.

La quinta fue también la quinta expedición del remolcador Three Friends, y todo un éxito. Desembarcó el 8 de septiembre. En ella pudo por fin llegar a costas pinareñas Rius Rivera, y con él 1 000 fusiles, 460 000 cartuchos, 1 cañón neumático con cien proyectiles y 2 000 libras de dinamita.

Desembarcó también, como en junio, en la Ensenada de Corrientes, por la caleta de María la Gorda.

Esta distribución de los envíos a Cuba por la Delegación desmiente el infundio de manera incontrastable: Casi la mitad de sus expediciones, la Delegación las envió a Pinar del Río, a pesar de que la concentración de las fuerzas españolas de mar y tierra hacían casi virtualmente imposible un desembarco. Incluso si se tiene en cuenta las que llegaron en realidad, percibimos que el 6º Cuerpo ha recibido la cuarta parte de las expediciones del periodo (3 de 12), una proporción muy superior a la recibida por cualquiera de los otros 5 cuerpos, a excepción del 2º, que iguala esa proporción solo gracias a haberse beneficiado con dos originalmente destinadas a Pinar.

Un último detalle: Las características de las costas de Pinar del Río, la concentración desproporcionada de recursos para vigilarlas utilizados por el mando español, y la densidad de la navegación internacional en sus cercanías, solo hacían factible desembarcar expediciones en la Península de Guanahacabibes. Solo allí, con un tramo abundante de costa casi deshabitada, y lo fundamental, con un intensísimo tráfico internacional en sus cercanías, que hacían casi imposible realizar una vigilancia efectiva, podía tenerse esperanza de éxito. No en balde el mando español, que no construía trochas por mero ánimo constructivo, situó allí una tercera, con la declarada intención de impedir que el 6º Cuerpo pudiera acceder a dicha península.

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