Teatrología Electoral Cubana III.


José Gabriel Barrenechea.

Las Comisiones de Candidaturas se integran por representantes de las 6 principales organizaciones paraestatales: La Central de Trabajadores de Cuba (CTC), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM). Organizaciones que todavía hasta 1992 eran reconocidos explícitamente como paraestatales en la Constitución de la República, y que luego de ser eliminado el artículo 7 en que se las establecía legalmente de ese modo, no han sufrido cambios mayores a nivel de organización, ni de funcionamiento, ni en sus métodos de designación (no elección) de sus particulares dirigencias, y muchísimo menos en su modo de relacionarse dentro del Estado y con el Partido.

Designándose dichas Comisiones de Candidaturas, o sea, sus miembros, en cada uno de sus niveles, nacional, provincial y municipal, no por asambleas de todos los miembros de las referidas organizaciones, o en todo caso de sus compromisarios electos al efecto, sino por las direcciones de la cada una de ellas en el nivel respectivo[1]. Correspondiéndole la presidencia de las mismas siempre al representante designado por la respectiva jerarquía de la CTC.

Se constituye así dentro del ya de por sí vertical Estado Cubano una nueva pirámide de Comisiones, cuyos miembros carecen de cualquier verdadera independencia con respecto a las estructuras también piramidales del Gobierno y el Partido, y sobre todo con respecto al Consejo de Estado y su Presidente, que en rigor constituye la cima única ya no solo aquellas dos, sino de cualquiera de las muchas otras pirámides legales (o paralegales) del país. Una pirámide cuya función consiste, como su nombre a las claras lo indica, en elaborar y presentar los proyectos de candidaturas de Delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular (AAPP del PP) y de Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (AN del PP), y para cubrir los cargos que eligen estas y las Asambleas Municipales del Poder Popular (AAMM del PP).

Llevemos esto sin embargo a la realidad del proceso electoral en marcha para que pueda ser comprendido en todas sus consecuencias:

Nos habíamos quedado en el momento en que los vecinos electores de la circunscripción escogen, mediante el voto secreto, a su Delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular de entre los 2 a 8 nominados en las áreas en que dicha circunscripción se divide. El acto del voto se realiza en el Colegio Electoral, cuyas autoridades designan las Comisiones Electorales de Circunscripción. Una vez electos los Delegados de todas las circunscripciones del Municipio, se reúnen para constituir la Asamblea Municipal del Poder Popular (AM del PP).

La sesión en que esto ocurre, que en su primera parte se dedica precisamente a ello con juramento incluido (el texto del mismo puede leerse en el artículo 128 de la Ley Electoral), pasa luego a una segunda en que se elige a su Presidente y Vicepresidente. Mas contrario a lo que cabría esperarse, dicha elección no se lleva a cabo en base a las propuestas de los Delegados electos, sino en base a un proyecto de candidatura que le presenta a la flamante AM del PP el Presidente de la Comisión de Candidaturas Municipal. Proyecto que ha sido cocinado tras bambalinas por las dirigencias del Partido a los niveles municipal y provincial, o incluso más arriba para ciertos municipios, “estratégicos”.

Esto implica en definitiva no otra cosa que la designación de los candidatos a los puestos dirigentes de la AM del PP, ha quedado en manos de una institución que no ha sido sometida a la elección popular, sino que ha sido también ella misma designada a dedo.

Pero el desplazamiento de lo electo desde abajo, hacia lo designado desde arriba, no queda en la elección de los Presidentes y de los Vicepresidentes de las AAMM del PP.

Como en Cuba se encuentra fuertemente limitada la libertad de agrupación de los ciudadanos, limitándosela a la posibilidad de integrar o no[i] cualquiera de las rígidas y piramidales estructuras políticas estatales o paraestatales; pero como tampoco se les permite a los candidatos a cualquier posición realizar campaña política (artículo 171), y en consecuencia tener un programa político mediante el cual individualizarse ante el elector, se hace imposible casi (o al menos creíble para el observador externo) extender el sistema de nominación directa usado para elegir a los Delegados a las AAMM del PP, a la de los Delegados a las AAPP del PP, y de los Diputados a la AN del PP.

Nuevos momentos del proceso electoral en que más que un barrio de varios centenares, o a lo mucho par de millares de habitantes, se implican por lo general varias decenas de miles de votantes (como mínimo una fracción mayor de 5 000 votantes para la elección de un Delegado a una Asamblea Provincial del Poder Popular, o una fracción mayor de 10 000 para Diputado). Y es en el único, y muy bienvenido por el poder, otro modo de nominación posible, la indirecta, donde las Comisiones de Candidaturas demuestran su utilidad para el poder.

Dichas comisiones cumplen aquí una función algo parecida a la de los partidos políticos, en los particulares sistemas pluripartidistas en que dichas asociaciones no eligen a sus candidatos en elecciones internas, sino que resultan designados por sus dirigencias a su libre voluntad. Solo que con una diferencia: Mientras en los sistemas pluripartidistas las dirigencias de los partidos de oposición designan por lo general, como es de esperar, a candidatos que no suelen pensar de la misma manera que el gobierno presente, o que por lo menos no son de su agrado, nuestras Comisiones, designadas por las cúpulas municipales, provinciales y nacional de organizaciones paraestatales, bajo el diligente “auxilio” de las cúpulas correspondientes del Estado y del Partido, solo proponen a personas agradables al gobierno actual por su (in)capacidad de no tener otro pensamiento, y otra voluntad, que la suya.

A quien lo dude, solo le pido que para convencerse, en lugar de aprovechar las bondades del turismo de izquierdas, de sol proletario, playas del Porvenir Luminoso, y “compañeritas” amables, con que suele comprarlos el gobierno, tenga un poco de esa desgracia conocida por dignidad y se dedique a recorrer la Isla de San Antonio a Maisí, leyendo biografías de candidatos.


[1] En rigor una más completa descripción del proceso electoral cubano deberá necesariamente incluir los procesos de designación, nada democráticos, de las dirigencias de estas 6 organizaciones. Téngase solo presente que los CDR cuentan con un número de afiliados mayor que el padrón electoral (se accede a los CDR con 14 años, se vota con 16), y que en sus procesos internos de elección se encuentra prohibida igualmente tanto la propaganda, como la libertad de reunión. Lo visto cual, cabe preguntarse: ¿Cómo es posible entonces elegir democráticamente sus delegaciones a sus periódicos congresos, que a su vez designan a sus dirigencias nacionales? ¿Cómo es posible aquí, donde los electorados son siempre de varias decenas de miles (1 representante a Congreso por cada 10 000 cederistas), donde no hay Comisiones de Candidaturas de 2º grado, repito, como es posible ni tan siquiera a un nivel teórico presuponer un método de elección directa democrático medianamente presentable?

 


[i] En todo caso tampoco hay verdadera libertad de no integrar las organizaciones paraestatales referidas. Incluso hoy que el totalitarismo ha retrocedido significativamente, el desafío de no integrarse a la correspondiente organización paraestatal es solo asumible por individuos con un nivel de autoconciencia muy elevado. Sin olvidar que no querer integrarse en la FEU o la FEEM significará perder los estudios correspondientes (no hace mucho el hoy Vicepresidente Primero, cuando todavía era Ministro de la Educación Superior, reafirmó públicamente que La Universidad es para los Revolucionarios), y no hacerlo dentro de la CTC lo colocará a uno en el primer lugar de la lista de los propuestos para “disponibles”; o sin eufemismos, de los propuestos para ser despedidos.

Con el líder religioso, y mi hermano, Mario LLeonart ( @maritovoz ), en el Café Literario de Santa Clara

Con el líder religioso, y mi hermano, Mario LLeonart ( @maritovoz ), en el Café Literario de Santa Clara

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