A raíz de lo sucedido en la Mesa Redonda del pasado Martes


José Gabriel Barrenechea.

Mucho me he preguntado por qué alguien como Miguel Barnet, uno de nuestros más destacados intelectuales de todos los tiempos, se ha prestado para servirle de comparsa al régimen. La explicación la encontré anoche. Don Miguel ha sido capaz del mayor sacrificio a que puede llegar un intelectual, esa muestra de total y absoluto desinterés que rara vez se encuentra en un humano, muchísimo más si es escritor. Ha puesto en riesgo su prestigio, su trascendencia, porque sabía que si él no ocupaba la presidencia de la UNEAC, otro lo haría. En definitiva un apapipio cultural, y vaya a saberse si apapipio a secas también… como ese de Las Tunas al que atinadamente le salió al paso en la Mesa Redonda, indignado por su descarnado discurso fascista.
Si alguien se preguntaba, o se pregunta lo mismo que yo, lo invito a ver la Mesa del martes 8 de noviembre. Barnet ha decidido permanecer aferrando a Cuba, como un gigante en medio de ese huracán fuerza 5 que ha sido el castrismo, porque sabía que era ese su deber. Como también el Historiador de la Habana, que es el autor de esa puya velada a Raúl Castro de llamarlo General Presidente, o sea como llamaban a Machado sus más descocados guatacas, Barnet ha decidido que más que marcharse, o plantar cara, lo que él mejor podía hacer era salvar lo más posible de su amadísima Cuba mientras dura la Noche, no permitiendo que los oscuros ocuparan ciertos puestos clave.
Mas ahora Don

Imágenes de la Mesa Redonda del pasado martes 8 de abril

Imágenes de la Mesa Redonda del pasado martes 8 de abril

se nos va, o lo van, y nada bueno asoma. Quién menos debe de preocuparnos es el arribista profesional, ordenado intelectual por decreto, que lo sucederá, un villareño tan anodino y gris como el Heredero al Trono (¿Díaz Ventura, o Machado Canel?). Preguntémonos: ¿Qué hacía ese apapipio, un personaje tan de cuarta, en la Mesa Redonda? La única explicación válida de esta meteórica ascensión es que su discurso es muy atrayente para el poder, y que en consecuencia es este quien lo ha elevado tan alto, en tan poco.
Algo terrible parece crecer tras ese discurso nacionalista ramplón, aislacionista, anti-occidental, tan de moda hoy entre los muchos mediocres que el régimen presenta, y engorda, como intelectuales. No olvidemos que los fascismos no suelen ser más que eso: la reacción violenta de la gran masa de mediocres colados en la máquina del Estado, ante la primera amenaza de limpieza.
Mucho me temo que el medro de tanto “intelectual” se imponga en este Congreso, y que la salida de Don Miguel Barnet coincida con la imposición de un ridículo fascismo cultural.

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