Algunos apuntes sobre el Bloqueo (I).


José Gabriel Barrenechea.

Ahora que tantos nos hemos puesto de acuerdo en condenar el bloqueo económico, comercial y financiero a que por medio siglo nos ha sometido el gobierno de EE.UU., no viene a mal recordar la ingente ayuda que a partir de 1960, y por treinta años, le brindaron a Cuba los sucesivos gobiernos soviéticos. Solo así evitaremos no ver la realidad de que esteno es por completo ni mucho menos el causante de nuestra situación económico-comercial-financiera actual.

Las demandas de Ricardito.

En noviembre de 1999, Ricardo Alarcón de Quesada, presidente entonces de la Asamblea Nacional, comunicó a los medios que muy pronto se presentaría ante nuestros tribunales una demanda de indemnización, por los daños ocasionados por el bloqueo que durante casi cuatro décadas el gobierno de EE.UU. le había impuesto a nuestro pueblo. Algo más de un mes después, sin embargo, esos mismos medios nos informaron que las organizaciones de masas y sociales presentarían ante la ley una Demanda del pueblo cubano al gobierno de los EE.UU. por los daños ocasionados a Cuba, que ya no solo hacía referencia a los perjuicios del bloqueo mismo, sino a los que ya habían sido incluidos en una anterior demanda, la Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de EE.UU. por daños humanos. Se sumaba, por tanto, a la reclamación por los daños del Bloqueo en sí, los que había provocado el terrorismo, fuera o no bajo inspiración, o al menos conocimiento, de los sucesivos gobiernos norteamericanos.

Las razones de tal cambio se nos harían rápidamente evidentes al observar los valores que se daban en el documento definitivo: 121 mil millones para los daños globales (incluidos los ocasionados por el terrorismo); 67 093,2 millones de dólares para los del bloqueo propiamente dicho.

Las Raíces del Bloqueo.

La chispa que inició el proceso que concluiría con el establecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero en 1962, fue el acuerdo que a principios de 1960 firmaron los gobiernos de Cuba y de la URSS, para la compra por este último al primero, por los siguientes 5 años, de un millón de toneladas anuales de azúcar. En específico el detalle que iniciaría la escalada de medidas y contramedidas, sería nada menos que la cláusula del mismo que estipulaba que el 80 % de la venta se realizaría por medio del trueque: El azúcar cubano se cambiaría por mercancías soviéticas y en especial por petróleo crudo.

A pesar de que el gobierno de EE.UU, mediante nota diplomática, protestó la decisión de su vecino de comerciar a gran escala con su archienemigo de la Guerra Fría, sin tan siquiera prevenirlos de tal decisión, como es normal entre aliados, no puede achacársele a dicho gobierno la contra respuesta que desde el bando norteño le daría comienzo a la escalada.En un final la nota no pasaba de eso: una nota diplomática sin ninguna medida concreta aneja. Ese triste papel le tocó más bien a las empresas refinadoras norteamericanas instaladas en la Isla, quienes se negaron a trabajar con el petróleo ruso.Pero más que por posición ideológica, por razones puramente crematísticas, como bien lo explicó entoncesFidel Castro:

“… Cuba tiene derecho a comprar el petróleo al precio más barato que pueda en el mercado mundial, y entregarlo después a las refinerías para su proceso en Cuba. Pero las compañías extranjeras no se resignan a perder el negociazo de la reventa de la casa matriz a su subsidiaria en Cuba. Y cuando les informamos que una parte de los 4 millones de toneladas de petróleo… se comprarían en otro mercado… nos envían tres comunicaciones conjuntas diciendo que no refinaran el petróleo de la URSS.”

Lo que siguió es bien conocido: Contra respuesta cubana, nacionalización de las citadas empresas refinadoras; contra contra respuesta norteamericana, suspensión de la cuota azucarera; contra respuesta al cubo cubana, nacionalización de los centrales en manos norteamericanas (y de paso todos los demás)…

No perdamos de vista, sin embargo, esta afirmación implícita en las palabras del primer ministro, que nos pone en verdad ante el carácter de la ayuda soviética: El cambio del petróleo norteamericano por soviético en verdad significó una ganancia para nuestro país. Lo que se ve respaldado, además, si recordamos que como bien aclara el economista Cepero Bonilla en su artículo: El convenio cubano-soviético, los fletes de transportación eran asumidos por entero por el hermano país de los soviets.

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