Algunos apuntes sobre el Bloqueo (II).


José Gabriel Barrenechea.

En 1959 los EE.UU. nos habían comprado 2 943 000 toneladas de azúcar a 5,35 centavos la libra. Ese año el precio del azúcar en el mercado internacional había sido como promedio 2,97 centavos la libra. Esto significa que los precios que obtuvimos de EE.UU., en ese año específico, superaron en 1,8 veces a los del mercado internacional.

La gráfica que sigue nos proporciona una idea de la relación entre dichos precios a lo largo de la década de los cincuenta:

Tabla I

(Elaborada a partir del Anuario Azucarero de Cuba. 1958 y Cuba y la Economía azucarera mundial).

Año Precio preferencial norteamericano, en centavos la libra Precio del mercado mundial, en centavos la libra
1950 5,35 4,89
1951 5,25 5,70
1952 5,12 4,17
1953 4,97 3,41
1954 4,93 3,26
1955 4,80 3,24
1956 4,86 3,47
1957 5,33 5,16
1958 No datos 3,50
1959 5,346 2,97

 

Como puede observarse durante el periodo citado los norteamericanos nunca nos compraron el azúcar al doble de su valor en el mercado internacional. De hecho hubo un año, en 1951, en que los precios en este último mercado estuvieron 0,45 centavos por encima del protegido de los EE.UU. Pero también, ¿cómo se explica que ya desde 1959 intentaran estrangularnos económicamente, según sostiene el discurso oficial, si ese fue precisamente el año en que más espléndidamente nos pagaron el azúcar? Esto resulta en realidad insostenible.

Veamos ahora que ocurrió con quienes vinieron a encargarse de lo que los americanos habían dejado de comprar a partir de 1960, cuando terminaron suspendiendo la Cuota Azucarera con que nos favorecían desde 1934:

Tabla II

(Elaborada a partir de Cuba y la Economía azucarera mundial).

Año Precio preferencial en el mercado soviético, en centavos la libra Precio del mercado mundial, en centavos la libra
1961 4 2,80
1962 4 2,83
1963 4 8,34
1964 6.11 5,77
1965 6.11 2,08
1966 6.11 1,81
1967 6.11 1,92
1968 6.11 1,90
1969 6.11 3,20
1970 6.11

 

3,68

 

Pero no solo salimos ganando por la subida de los precios al comerciar con la URSS en lugar de con EE.UU. (4 años de 10 en que el precio al que nos compraban el azúcar los soviéticos superaba en dos veces al mundial). Si entre 1961 y 1963 las cantidades de azúcar que los soviéticos convenían en comprarnos tenían un tope de 3 000 000 de toneladas, casi lo mismo que nos hubiese correspondido por el sistema de cuotas de EE.UU, de 1964 a 1970, el nuevo convenio firmado en el primero de los años referidos (1964), admitía estabilizar el intercambio en 5 000 000 de toneladas.

Semejante venta hubiera significado nada menos que el valor total de nuestras exportaciones en 1959.

Mas entre 1964 y 1970 nunca se consiguió cumplir con lo pactado.

Un regalazo de Navidad.

La ayuda soviética vino luego, a inicios de los setentas, a salvarnos de lo que tras de sí dejó el intento de Fidel Castro de dirigir hasta el más nimio detalle de la economía del país desde un yipi. Ello se concretó gracias a losAcuerdos Económico-Financieros de 23 de diciembre de 1972, y que al parecer la dirección soviética se decidió a concedernos preocupada por la larga estadía del comandante en la URSS.Se temió, según las malas lenguas, que hiciera un cambio de dirección a Moscú, que luego pretendiera entrar en el PCUS, que más tarde llegara a Primer Secretario, para media semana después provocar un holocausto nuclear.

Al decir de Fidel, estos acuerdos significaron: “una forma verdaderamente ideal, una forma ejemplar de relaciones económicas entre un país industrializado y un país pobre y subdesarrollado como es nuestro país… no existe a nuestro juicio, ningún precedente en la historia de la humanidad de tan generosas relaciones”-Como es la verdad.

Pero dejemos que sea el mismo Fidel quien nos explique en que consistieron los referidos acuerdos:

“En primer lugar, sobre la deuda exterior, es decir los créditos: tanto créditos comerciales- para satisfacer el desbalance comercial que hemos tenido todos estos años- como los créditos para el desarrollo, las deudas contraídas por estos conceptos, se pospone su pago hasta el primero de enero de 1986, es decir, para dentro de 13 años, para pagar con productos cubanos en 25 años, y, además, sin ningún interés a partir del momento de la suscripción de estos acuerdos. Es decir, una fórmula óptima para abordar el espinoso problema de la deuda exterior, problema agobiante hoy para la inmensa mayoría del mundo.”

“En segundo lugar, nuevos créditos con relación al intercambio comercial; para los futuros años en que nosotros necesitamos créditos comerciales para compensar el intercambio. De nuevo se trata esta cuestión de una manera óptima: se le facilita a Cuba los créditos necesarios para la importación de la mercancía que requiere anualmente de la Unión Soviética en los próximos tres años- y son cantidades grandes-, y del mismo modo se pospone su pago para 1986, para pagar en 25 años, y no devengarán interés alguno.”

“Por otro lado, créditos no comerciales, sino créditos para nuevas inversiones, créditos para el desarrollo. Se nos conceden los créditos con un interés muy bajo y para pagar en 25 años- no en cuatro ni en cinco ni en diez ni en quince: ¡para pagar en 25 años! Otra fórmula realmente ideal para abordar los problemas del desarrollo para cualquier país en las condiciones de Cuba.”

“Y por último, con relación a nuestros productos, a nuestras exportaciones principales, la Unión Soviética nos concede precios altamente satisfactorios. Se elevan considerablemente los precios que nos venían pagando por el azúcar, que eran superiores al precio promedio del mercado mundial, y nos garantiza esos precios en el futuro, precios equivalentes a 11 centavos (dólar) la libra. ¿Qué significa esto? Que por cada millón de toneladas que exportemos recibiremos aproximadamente 100 millones más de pesos, ¡por cada millón de toneladas! La diferencia entre el precio que existía de algo más de seis centavos, a estos precios actuales.”

“Y lo mismo ocurre con el níquel. Los precios promedios de estos años han estado entre dos y tres mil dólares la tonelada en el mercado mundial, y ellos nos conceden precios aproximadamente de cinco mil dólares la tonelada.”

Solo a partir de la firma de estos acuerdos, en Cuba se comenzaría a vivir como si en realidad hubiera habido un cambio político-económico-social significativo. Esto se nos hace evidente con solo mirar las series históricas del percápita de alimentación, del número de médicos en ejercicio, de los niveles de universitarización o del propio índice de mortalidad infantil. De inmediato se nota que los mismos presentan su inflexión más importante no en los años que siguen al triunfo de la revolución exactamente (algunos incluso descienden durante la década de los sesentas), sino a posteriori de 1972; y todo gracias a la ayuda sovié

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