“Guerras Mediáticas”.


José Gabriel Barrenechea.

Hace ya casi un mes el periódico Granma reprodujo una caricatura publicada en el sitio digital Rebelión. En la misma se hacía, en tres imágenes, una supuesta historia de la evolución de las guerras en el siglo XX: Una ametralladora totalmente anacrónica, por su falta de sistema de enfriamiento para el cañón, imprescindible en aquellos años, representaba la naturaleza de la Primera Guerra Mundial; otra ametralladora, pero de las empleadas por los norteamericanos en Vietnam a finales de los sesenta, cumplía la misma función con respecto a la Segunda Guerra Mundial; y por último, una cámara de televisión, ya hoy obsoleta, servía para ilustrar la de una Tercera Guerra Mundial, en la que supuestamente ya vivimos.

Esta simplificación maniquea, y que por otra parte transparenta la escasa cultura del caricaturista, nos dice poco, o nada, de la verdadera evolución histórica de las guerras en los 100 años antecedentes, y sí mucho de las posiciones que ante libertades como las de expresión y pensamiento tienen ciertas izquierdas iberoamericanas.

Dejemos algo en claro: Guerra es toda aquella actividad violenta mediante la cual pretendemos imponer nuestras ideas o intereses por medio de la eliminación física, o en todo caso por medio del sometimiento bajo la amenaza de tal, de quienes se oponen a esos intereses o de quienes no coinciden con nuestras ideas; guerra no es nunca el intento de imponer nuestras ideas o intereses mediante la argumentación, así incluso los argumento empleados sean sofísticos, espurios.

Los humanos siempre hemos tenido, y siempre tendremos diferencias de ideas o de intereses. Como tendencia constatable, la Historia avanza desde eras en que esas diferencias se resolvían mayormente mediante el uso de la violencia, hasta eras en que este mecanismo de “resolución” de aquellas es gradualmente sustituido por la transacción y el consenso. En este sentido, una correcta interpretación-otra de la caricatura no puede ser más optimista: Según la misma, por fin estamos por llegar a eseestado, utópico para tantos de nuestros ancestros, en que nuestras diferencias no se resuelven mediante la guerra, sino mediante campañas de prensa.En que más que enfrentar ejércitos en campos de batalla, se le pone enfrente a una ABC, y un CNN, un RussiaToday, o un Telesur.

Esta última, estoy seguro, habría sido la interpretación de un hombre tan devoto de la paz como Enmanuel Kant, quien si algo hubiera tenido que objetar, sería en todo caso la parcialidad burda de los medios en ambos bandos, el uso de los mismos recursos tendenciosos, tanto por CNN como por Telesur.

La otra interpretación, la pesimista que quiso transmitirnos el caricaturista, no en balde fue retransmitida por un medio del estado cubano. Porque sin dudas para el estado cubano una cámara si es un arma, tan poderosa como la bomba de neutrones, o más bien como la inocencia de un niño que nos advierte que el rey… ¡está desnudo! Un arma, como solo lo puede ser para todo aquel que pretenda mantener un control absoluto de los flujos de información e ideas desde, o hacia un determinado segmento de sociedad humana.

Solo quien teme perder el absoluto monopolio del control informativo, puede considerar un acto de guerra la interferencia mediática de otros.Porque privado de la posibilidad de mantener el aislamiento de sus sometidos, es muy probable que no le quede más remedio que emplear la fuerza para mantener la relación de subordinación, con sus correspondientes privilegios a su favor.

Hablar de guerra mediática es un mal precedente: Haciendo un uso malintencionado de una palabra tan temida por el género humano, y con razón, se le deja el camino abierto al posterior escamoteo de los dos derechos básicos, sobre los que se asientan todos los demás: el derecho al libre pensamiento, y el derecho a su libre emisión.No obstante, lo anterior, que podría pasar por una perogrullada, resulta no serlo para cierta izquierda iberoamericana; a la que uno no logra definir bien si es que les importan o no dichas libertades.

Un par de posiciones deben de quedar más allá de toda duda: Solo quienes practican ellos mismos los auro-tiñoseos, le temen a los zunzuneos; y ya que estamos de acuerdo en echar abajo otros bloqueos, no podemos detenernos ante ninguno, más que nada ante los informativos. ¿O no?

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