Fuerza Moral (1).


José Gabriel Barrenechea.

¿De qué modo suele producirse en Cuba la politización de unas masas solo en apariencias ganadas por la resignación y su consecuencia moral, el hedonismo? ¿Cómo, en definitiva, se las llega a sacar de ese marasmo en que apoyan a la dictadura del momento con su pasivo repliegue a unas pocas dimensiones de la vida humana, para pasar de súbito a esas explosiones sublimes que nos individualizan como pueblo en este hemisferio?

Para que se entienda con mayor claridad lo que intentaremos desentrañar: ¿De qué modo se caen, o se tumban las dictaduras en Cuba? Pero también: ¿De qué modo suelen elevarse…?

Lo primero es aceptar que en contra de lo que en general se piensa el cubano es un pueblo ansioso de tener un sentido trascendente, y que por lo mismo reacciona casi sin inercia ante la aparición de cualquier fuerza que sea capaz de hacerle aparecer viable, con su actitud y con sus propuestas, el realizar tal ansia. Así, cuando una de estas fuerzas, llamémoslas morales, aparece en medio de una situación de crisis, ese pueblo que hasta hacía poco aparentaba dejarse llevar únicamente por el más basto hedonismo, enfrentará a un desproporcionado ejército como el que España envío a esta Isla durante nuestra Guerra de los Treinta Años por la Independencia, o se pondrá de acuerdo de modo tácito en una Huelga General espontánea: ¡Hasta que se vaya el Animal!, como ocurrió en el verano de 1933.

Veamos precisamente como ocurrió la politización en este último caso.

Es innegable que Gerardo Machado fue un dictador bien recibido por las masas cubanas. Tanto, que no necesito de pervertir los procesos electorales con los que primero cambio la Constitución, y después se hizo reelegir. La realidad es que fuera de los intelectuales jóvenes, los estudiantes universitarios o algunos políticos de su mismo partido, resentidos por la manera en que este había obtenido la nominación presidencial por esa organización política, el partido liberal, en Cuba casi todo el mundo estaba con El Mocho de Camajuaní.

Gerardo Machado, como más tarde Fidel Castro, se presentó como un nacionalista, como un moralizador público y como un hombre de orden. Lo primero no solo nombrando secretario de la presidencia al autor de “Azúcar y Población en las Antillas”, Don Ramiro Guerra, o publicando “Vindicación de Cuba” en 1926, sino con una política económica y arancelaria que consiguió diversificar en algo nuestra economía. Gerardo Machado, por sobre todo, fue capaz de asegurar un periodo de prosperidad popular durante los primeros cuatro años de gobierno. ¿Entonces, por qué cayó tan rápido, a diferencia de Fidel Castro, que hasta ha podido legarle el poder a alguien tan anodino como su hermano?

Es innegable que por sobre todo gracias a las diferentes naturalezas de ambas dictaduras, al que la de Fidel Castro era totalitaria y la de Machado no. Pero esto todavía no nos dice mucho, porque en definitiva lo que las diferencia en última instancia es la razón por la que Fidel Castro consiguió convertir a la suya en totalitaria, a diferencia de Machado, admirador confeso de Mussolini, que también tuvo esa aspiración. Y es ni más ni menos que la del primero poseyó desde un principio un sentido del que siempre careció la del segundo: un sentido trascendentalista.

Lo esencial para la rápida caída de la dictadura machadista es que ante las masas cubanas, que a partir del cuarto año de machadato se encontraron entrampadas en la más profunda crisis sistémica de la economía mundial en el siglo XX, crisis que visibilizó con nitidez el gran problema de Cuba: que el modelo económico basado en la exportación de grandes cantidades de azúcar sin refinar a los EE.UU. no aseguraba ya el desarrollo, sino el retroceso, surgió un catalizador social con todo lo necesario para ser aceptado por ellas como una fuerza moral, y contra el que la dictadura no tenía antídoto: Los muchachos del Directorio del 30, y los que todavía permanecían en la lucha del anterior Directorio, el de 1927. Si se habla de Revolución del 30, y no del 33, es solo porque el 30 de septiembre de ese primer año, cuando dos centenares escasos de muchachos y de jóvenes profesores universitarios se batieron a puño limpio con policías y soldados por las calles de La Habana, cuando pusieron su primer mártir, Rafael Trejo, la suerte del machadato, y con el de la Primera República, ya estaba escrita.

Es importante resaltar lo de la falta de antídoto. En Cuba lo único que puede hacer una dictadura para perpetuarse es restarle a cualquier grupo opositor la posibilidad de convertirse en fuerza moral. ¿Cómo?, pues de la única forma viable: Al usurpar los dictadores mismos ese papel de fuerza moral; o sea, en parte al conseguir saciar la inmanente hambre de trascendencia del pueblo cubano. En parte, porque para ser exhaustivos en el grado necesario es imprescindible destacar que una fuerza moral no solo se hace por su capacidad de trascendentalizar, o más bien que no tendrá esa capacidad sino posee ciertos específicos atributos espirituales, y en los que nos detendremos en una segunda entrega.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s