Fuerza moral (4).


José Gabriel Barrenechea.

Advirtamos que si algo entendió muy bien la actual Dictadura es esta dinámica desmedida y paradójica de la cubanidad.

Dicha Dictadura también surgió de otra de nuestras fuerzas morales. Solo que a diferencia de la del 30, y en buena medida debido a ella, por el aquello de que nos parecemos siempre más a nuestros abuelos que a nuestros padres, sin olvidar la influencia que la atmosfera mundial de la época tuvo, no fue desde un principio una fuerza moral democrática. Cualquiera que haya leído los escasos documentos que tras de sí dejaron los otros dos grandes líderes de dicha fuerza moral, Frank País y José Antonio Echeverría, se sorprenderá de la similitud de pensamiento en general con las del único que quedó vivo: Fidel Castro. En los tres logra percibirse esa mezcla tan nuestra de moral-falangismo con socialismo soviético, que ha caracterizado nuestra vida política a posteriori de 1959.

Contrario de lo que muchos piensan, la generación de 1956 si sintió con claridad el espíritu de las masas cubanas de entonces, su trascendentalismo constitutivo liberado en el 30, pero que por entonces se juzgaba traicionado por los mismos que lo echaron a rodar. Imbuidos ellos mismos de la desilusión popular con los muchachos del 30, ya para entonces respetables cincuentones, que han permitido el establecimiento de ese sistema político tan poco dado a la espectacularidad llamado democracia, los muchachos del 56 han decidido que las cosas deben ser hechas con mucha más teatralidad.

Pongamos el ejemplo de la soberanía. La nueva fuerza moral, influida además de por todo lo que sucede en lugares como Egipto o en Bandung, por la naciente televisión, y por la generación de los “rebeldes sin causa”, entiende el nacionalismo desde la bravuconada y la espectacularidad. Para ellos la única forma de defender a Cuba pasa por reunir a medio país en una Plaza,y desafiar a los americanos desde la tribunaen el más perfecto estilo de la guapería rellolla.

Es esta la razón de por qué la resistencia de los sesentas no ha logrado convertirse en fuerza moral, de por qué no ha alcanzado a derribar a Fidel Castro: Ese sentido de la espectacularidad del nacionalismo de Fidel Castro y su generación política les ha permitido escamotearle a cualquier sucesor el ímpetu trascendentalizador. Porqueno podemos dejar de hacer notar que si algo distingue a lo trascendente, es que no suele percibirse en lo cotidiano si no en lo extra-cotidiano; esfera esta que cae por completo dentro de lo espectacular.

Pero ladictadura castrista, además, se ha dado a la tarea de evitar la constitución de otra fuerza moral con el establecimiento de un particular totalitarismo.Ha echado mano a diario a la calumnia y al desprestigio, al absoluto control de los medios, y hasta de los símbolos. Ha hundido a Cuba en la precariedad económica, a la vez que ha estatuido una legislación en que casi toda acción necesaria para continuar vivo cae de lleno en el plano de lo ilegal, de lo sancionable,manteniendo así al ciudadano en un precario estado legal, y en una indefensión casi completa frente a las autoridades. En fin, en un clima en el que es casi imposible el surgimiento ni de la ética requerida, ni de la inteligencia o cultura necesarias, o incluso del imprescindible orgullo de ser cubano en ese elemento joven, que se ha criado en un país que ven caerse a pedazos, dominado por la apatía, la abulia, el hedonismo, la mediocridad, el miedo, el deseo de poner mar de por medio…

Pero cuidado, a pesar del innegable daño antropológico el alma cubana aun alienta en el subsuelo de la Nación. Cincuenta años de aculturación sistemática en realidad se han estrellado contra la desmesurada esencia de la cubanidad, que en un final ha hecho como ya hizo antiguamente ante los Capitanes Generales con sus facultades omnímodas: Acatar pero no cumplir. Acatar, hasta un día en que todo parece salirse de los cauces esperados, hasta ese inexplicable día en el que tanto “cubanólogo”, tanto académico, pierde pie…

Hoy las paradojas de la Cubanidad nos vuelven a colocar en la misma encrucijada de siempre: Solo una fuerza moral podrá arrastrar a las masas a derribar la dictadura presente; esa misma fuerza moral que luego, a pesar suyo incluso, se convertirá en un peligro para la democratización…

¿Habrá manera de salir del ciclo cerrado, sea a la derecha o a la izquierda, en que hasta ahora hemos vivido? La respuesta solo parecen tenerla hombres como Miguel Díaz-Canel, cooptado por el actual presidente para sustituirle en el 2018. En sus manos está que por primera vez logremos realizar una transición, no una revolución… y que no nos engañemos, llegará si no se camina hacia una apertura política, porque está en la profunda naturaleza de la Nación.

Naturaleza caótica, desmesurada, contraproducente, necesitada de corrección, está bien, pero no obstante sublime, de esto que somos: cubanos.

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