Para iniciar una Revolución en el Referendo.

José Gabriel Barrenechea.

Existe la muy extendida idea de la necesidad de formar un bloque unido de la oposición cubana para derrocar al régimen.

Por desgracia, excepto para aquellos que nunca logran deshacer sus maletas de tantos y continuos eventos “unificadores” a los que viajan en el exterior, tal unidad es imposible. O quizás sería mejor decir que por fortuna, porque en realidad una tal unidad lo que serviría es para sustituir al totalitarismo castrista por un autoritarismo incoherente, populachero y reclamacionista.

No para comenzar a construir una Sociedad Abierta en Cuba.

Partamos de comprender que los que enfrentan a una dictadura-si no lo hacen simple y descaradamente por no encontrar acomodo en el bando gubernamental presente, y por lo tanto por apostar a la llegada de uno nuevo-lo hacemos por nuestra necesidad de libertad, de ampliar los horizontes de una vida, la nuestra, que el régimen enfrentado no ha hecho más que recortarnos. En este sentido el integrarse a alguna organización piramidal, jerarquizada, disciplinada… es lo último que haría el tal enfrentado, al menos si es verdaderamente consecuente con los motivos que lo llevan al enfrentamiento; que agreguemos que son los únicos motivos que en realidad impulsan un verdadero cambio a una verdadera democracia (los logreros oportunistas, por el contrario, solo impulsan cambios falsos a democracias de fantasía y oropel).

No nos engañemos: No se construye la democracia con estructuras piramidales, jerarquizadas, disciplinadas… con ello solo se le sacan copias en negativo al régimen que ahora coarta nuestras libertades concretas. La libertad siempre es un bien concreto, personal, que reclamo yo frente a lo que me impide su disfrute: la libertad de hacer algo, de pensar algo, de poseer algo, de Vivir con mayúsculas más que nada. Es por lo tanto mucho más y mucho menos que esa consigna romántica por la que los poetas decimonónicos se hacían matar, y gracias a cuya muerte no tardaban en salir de debajo de sus piedras los logrero-oportunistas, para arrimarse a las estructuras y aprovecharse del buen nombre que dejaban atrás los apóstoles.

De hecho esa independencia, ese encontrarse los motivos de la acción de enfrentamiento en el individuo mismo más que en las “jerarquizadas y disciplinadas oposiciones”, es la verdadera fuerza incontenible de la democratización. Tanto por el espíritu mismo de que dota al enfrentado, al convertirlo en un superhombre nietzscheano, como por la extremada disgregación que provoca en el movimiento opositor, que solo así puede superar, desbordar, la actividad que en procura de su limitación llevan adelante las desproporcionadas herramientas de control social y político con que cuenta el régimen (sobre todo la Seguridad del Estado).

Es todo esto más cierto y realista todavía cuando se cuenta con los mecanismos electorales para expresar el descontento individual. Como es el caso ahora, en que en Cuba las autoridades se aprestan a consultarnos en un referendo.

No sé si todos somos conscientes de las posibilidades que se abren con este plebiscito. Por eso me referiré a ellas:

Es cierto que en dicho referendo solo deberemos responder si aceptamos o no la Reforma Constitucional que se nos propondrá. Pero lo que se puede responder con un mayoritario “NO” va mucho más allá de la aceptación o no de lo poco que por escrito se nos concederá en la Reforma-si es que algo se concede.

Al resultar evidente para todos, o por lo menos para casi todos los que no hemos nacido en el Jurásico, incluido el gobierno que tan poco afín se ha demostrado a aceptar cambios, que el viejo texto constitucional ya no es suficiente, un masivo “NO” solo puede significar una cosa: Que la Mayoría considera que la Reforma propuesta es insuficiente, y que esperamos que se la profundice.

Un mayoritario “NO” sería por lo tanto más que una derrota para el actual gobierno, una grito de presión popular inocultable para que se profundice la Reforma.

¿Cómo lograr ese mayoritario “NO” de la Nación?

Para ello no se requiere que los líderes presentes de la oposición interior, y del exilio, efectúen cinco o seis reuniones, unificadoras, en algún resort del extranjero. De hecho, “como la candela es aquí” y no hablando cáscara de piña por ahí, no se requiere de líderes políticos, ya que cada cual puede serlo perfectamente de sí mismo en el momento de marcar “NO”. Si acaso solo se requiere de líderes de opinión, que aclaren al ciudadano sus posibilidades presentes para ampliar los horizontes de sus vidas… para que esos aclarados a su vez se conviertan en nuevos líderes de opinión hasta que en Cuba todos seamos líderes de sí mismos.

Basta con que cada uno de quienes somos conscientes de esta posibilidad, al momento presente, veamos con qué recursos contamos para hacer conscientes de ella también a nuestros vecinos y conciudadanos.

No se necesita presentar a los conciudadanos grandes y profundos programas de Reforma, sino una diversidad inmensa de ellos, para que la mayor cantidad de compatriotas se vean reflejados en alguna de esas demandas, y las haga suyas, al punto de marcar “NO” en la espera de que en una próxima consulta pueda hacerlo por el “SÍ”. Así se mezclaran en el “NO” desde el individuo preocupado sobre todo por su economía y que no acepta porque esperaba que la Constitución asegurara su estatus legal como propietario o cuentapropista, que estableciera un claro marco legal para la actividad económica legal, o el derecho a la importación por los ciudadanos… con el que solo exige una Ley de Prensa, de Cine, de Cultos, de Protección Animal, y también con quien exige un nuevo ordenamiento de la sociedad y el estado.

Le repito a la oposición y al exilio en particular: No se requiere de tantos recursos. Hay muchos medios para llegar a la población. Desde Radio Martí, que mantiene una audiencia de entre el 3 y 5% a pesar de la interferencia y la falta de radiorreceptores, hasta las redes sociales, sobre todo Facebook, que hoy alcanza a casi toda la población joven de la Isla, pasando, claro, por el contacto hombre a hombre, o de la proclama impresa con mil trabajos, o la memory flash, que corren de mano en mano entre las opacidades que la sociedad cubana le presenta hoy al régimen y sus instrumentos de control total.

Hagamos nuestro el Referendo. Reconvirtamos las respuestas de “sí” o “no” al texto propuesto en si sí o no estamos dispuestos a conformarnos con lo poco que se nos concede desde el poder. Queramos más, y al hacernos capitanes de nosotros mismos construyamos la sociedad democrática y abierta que nos mereceremos-la única libertad que vale es la que se conquista por nuestros propios esfuerzos.

Un “NO” rotundo, lo cual es alcanzable según demuestra la evolución del voto en los procesos electorales de los últimos seis años, puede licuar toda la en apariencias roca sólida sobre la que se asienta el régimen castrista.

No perdamos la oportunidad de ampliar los horizontes de nuestras vidas. No perdamos tampoco la oportunidad de demostrarle a un Mundo que se precipita en una nueva Edad Oscura que la verdadera democracia es alcanzable, y que una verdadera revolución democrática no es un sueño.

No somos un pueblo menor, asumámoslo.

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Lo realmente significativo de este 19 de abril: la promesa de Referendo Popular.

José Gabriel Barrenechea.

Este 19 de abril, el hasta pocos minutos antes presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro, prometió en su discurso de despedida ante la nueva Asamblea Nacional que la venidera reforma constitucional será sometida a referendo popular.

Es esta una promesa de difícil retractación, y con mucho lo más importante ocurrido en el día.

Señalemos que aunque Raúl Castro no es ya el jefe de estado y gobierno, continuará al frente del partido hasta el 2021… o hasta que Dios o las sacrosantas Leyes de la Dialéctica así lo quieran. O sea, la promesa referida ha sido hecha por quien encabeza la organización que según el artículo quinto de la Constitución es la “vanguardia organizada de la nación cubana”, “la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, la “que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Porque no exageremos lo ocurrido este 19 de abril: Raúl Castro, desde su puesto de primer secretario del PCC, continúa al presente como el poder último del estado castrista, y es por otra parte precisamente ese poder último quien nos ha prometido un referendo.

En esta situación muy difícil le sería al régimen retractarse. Tal acción erosionaría irremediablemente el prestigio y poder de Raúl, quien al parecer planea adoptar, durante el tiempo de vida que le quede, algo así como la posición del policía bueno, del defensor del pueblo ante los tecnócratas (ya lo ha ensayado con Marino Murillo, precisamente frente a la anterior Asamblea Nacional).

Actitud contraproducente para la estabilidad del régimen, pero que en su cortedad de miras el general ex presidente cree servirá por el contrario para defenderlo de los posibles errores de quienes ha dejado a su cargo.

En todo caso el negarse ahora a realizar el referendo dejaría demasiado en evidencia el profundo miedo que al mismo le tiene el régimen. Sobre todo si se realiza según lo establecido por la actual Ley Electoral 72.

Creemos más bien que el referendo tendrá lugar, y más que dilatarlo hasta la próxima venida de Nuestro Señor, en la socorrida táctica raulista, lo que se hará por el contrario será acelerarlo. Posiblemente para que la nueva Constitución reformada sea adoptada este 10 de octubre, cuando se cumplen 150 años del alzamiento de La Demajagua.

Con esto el régimen trataría de aprovechar las esperanzas que todo cambio de gobierno trae consigo en los primeros meses, y por otra parte evitar que la tendencia a la pérdida de apoyo, manifestada en las elecciones de los últimos seis años, tenga tiempo de ahondarse lo suficiente como para provocar un posible triunfo del “no” en las urnas.

Téngase en cuenta que la nueva reforma seguramente seguirá la misma tónica de la de 1992. Una reforma en que si en apariencias el régimen se democratizó, en la realidad para lo que sirvió fue para invalidar de manera sutil todos los posibles canales todavía abiertos a la participación de la ciudadanía.

Lo que si debe de temerse en cuanto a este futuro y cercano referendo es el método por el que se lo realizará: Cabe temer que se vuelva a echar mano del recurso usado en el 2002, en que más que permitirle a los ciudadanos la posibilidad de seleccionar de modo secreto entre el “sí”, o el “no”, lo que se haga sea convocar a la ciudadanía a expresar mediante su firma, de manera pública, su apoyo a la reforma propuesta.

Además de que en el plebiscito se excluya a la ciudadanía residente en el exterior de participar. Porque al menos en el caso de lo legislado para el plebiscito los ciudadanos cubanos residentes en el exterior cuentan con el derecho a participar reconocido por la Ley 72:

El artículo 164 establece así que se “se dispone lo necesario para garantizar el ejercicio del voto por los electores que se encuentran fuera del territorio nacional el día que se celebre el referendo”; o sea, que se dispone lo necesario para que los ciudadanos que en el momento del referendo no llevan dos años de residencia permanente en Cuba, y no están inscriptos en el Registro de Electores del Municipio, puedan ejercer su derecho al voto en Colegios Electorales creados fuera del territorio nacional (artículo 170, tercer párrafo, primera línea).

Es por ello, para activar a la opinión pública en la defensa de sus intereses, a los cubanos de adentro para que no se nos quite nuestro derecho a decir “sí” o “no” de manera secreta, y a los de afuera, para que no se os excluya, que a continuación anexamos a este trabajo lo establecido por la Ley Electoral vigente sobre el legal desarrollo del referendo:

 

TITULO IX

DEL REFERENDO

Capítulo I

De la Constitución de las Comisiones y Colegios Electorales

 

ARTICULO 162. Por medio del referendo que convoca la Asamblea Nacional del Poder Popular, los ciudadanos con derecho electoral, expresan si ratifican o no los proyectos de leyes de Reforma Constitucional que según la Constitución requieren ser sometidos a ese proceso y otros proyectos de disposiciones jurídicas que acuerde la propia Asamblea.

ARTICULO 163. El Consejo de Estado, de conformidad con lo acordado por la Asamblea Nacional del Poder Popular, ordena la publicación de la convocatoria a referendo en la Gaceta Oficial de la República y designa a la Comisión Electoral Nacional.

ARTICULO 164. De acuerdo con lo dispuesto en el Titulo II de esta Ley, se designan la Comisión Electoral Nacional, las Comisiones Electorales Provinciales, Municipales, de Circunscripción y las Especiales.

La Comisión Electoral Nacional, en coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores, dispone lo necesario para garantizar el ejercicio del voto por los electores que se encuentran fuera del territorio nacional el día que se celebre el referendo.

ARTICULO 165. Las Comisiones Electorales de Circunscripción designan a los miembros de cada una de las Mesas Electorales.

El Ministerio de Relaciones Exteriores, determina quién designa los miembros de cada una de las Mesas Electorales en el exterior.

Los locales en que funcionen los Colegios Electorales fuera del territorio nacional, los designan los jefes de las respectivas misiones.

 

Capítulo II

De la Votación y el Escrutinio en el Referendo

 

ARTICULO 166. Para llevar a efecto el referendo se emplean boletas en las que se expresa clara y concretamente, la cuestión que se consulta al cuerpo electoral. Si se le somete más de una se numeran consecutivamente, separándose unas de las otras por medio de líneas horizontales que se extienden de un extremo a otro de la boleta.

Las boletas impresas contienen lo siguiente:

(Escudo de la República)

República de Cuba

REFERENDO

(Fecha del Referendo)

(Cuestión que se somete a consulta)

Sí ______

No ______

La impresión de estas boletas corresponde a la Comisión Electoral Nacional.

ARTICULO 167. La votación se efectúa en la forma prevista para las elecciones de Delegados y Diputados a las Asambleas del Poder Popular.

ARTICULO 168. Si el elector desea votar afirmativamente sobre la cuestión que se somete a referendo, hace una (X) en el cuadrado en blanco al lado de la palabra SI. Si desea votar negativamente, hace igual señal en el cuadrado en blanco al lado de la palabra NO.

Se declara nula la boleta en que no pueda determinarse la voluntad del elector.

ARTICULO 169. Terminada la votación, la Comisión Electoral de Circunscripción procede a realizar el escrutinio, concluido éste, se empaquetan las boletas votadas válidas, en blanco, las anuladas, así como las devueltas por el elector y las no utilizadas, se sella cada paquete, se firma el acta y se envía toda la documentación a la Comisión Electoral Municipal.

ARTICULO 170. La Comisión Electoral Municipal computa los votos emitidos en el Municipio y remite el resultado a la Comisión Electoral Provincial.

La Comisión Electoral Provincial computa los votos emitidos en todos los municipios de la provincia y envía el resultado a la Comisión Electoral Nacional, la que realiza el cómputo nacional.

Los Colegios Electorales que se encuentren fuera del territorio nacional, una vez realizado el escrutinio, comunican el resultado de referendo a sus respectivas Embajadas, las que lo remiten al Ministerio de Relaciones Exteriores a los fines de que sea comunicado a la Comisión Electoral Nacional.

La Comisión Electoral Nacional, una vez realizado el cómputo total del referendo, lo informa al Consejo de Estado para que publique sus resultados y dé cuenta a la Asamblea Nacional del Poder Popular a los efectos pertinentes.

 

 

Las heroicas y eficientes policías de Encrucijada.

José Gabriel Barrenechea.

Allá por los finales del 2013 las fuerzas del orden público en Encrucijada le tomaron afición a vigilar abiertamente mi casa. Rocambolescos operativos, en que se mantenía a agentes y chivatos de la Seguridad del Estado en los portales de algunos de mis vecinos, o un jeep de la policía en la calle que da al fondo de mi casa; todo lo cual permaneció día y noche, sin importar gastos.

Recuerdo haber sido conducido a una lóbrega oficina en las dependencias del G-2 encrucijadense, en que dos tenientes coroneles, el delegado del MININT en el municipio, un gordo bigotudo con pinta de criador de puercos, y Vega, el jefe de “enfrentamiento” en la provincia, un guajirón cínico con pretensiones de hombre de mundo y real apariencia de matón de las SS, me aseguraron que:

-Ni te hagas ilusiones, tú no vas a ir a la provocación que Rodiles está preparando en La Habana. Tenemos órdenes de no dejarte salir de la provincia, y no saldrás…

No sé cuántos gastos le habré causado a los fondos públicos, pero no salí.

Pero si bien las policías uniformada y secreta encrucijadense demostraron por esos días ser tan eficientes en vigilarme, y así cumplir lo que se les ordenaba desde La Habana, a los pocos días de que me levantaran el bloqueo ocurrió un hecho que vino a dejarlas en ridículo, a la vez que a relajar la tensión que en el pueblo se vivió con estos operativos: Unos muchachos borrachos se robaron nada menos que un tren completo de enfrente a la estación de policía.

El tal tren, compuesto por un coche con motor y otro sin él, se dedica a realizar los viajes entre Encrucijada y la playa Nazábal, a unos treinta kilómetros. Por las noches duerme enfrente de la estación de policía, un complejo tamaño antiguo regimiento de la Guardia Rural, comenzado a construir a principios de los ochentas del siglo pasado y todavía en proceso de eterna ampliación.

La noche de autos era de Parrandas, por lo que a la vigilancia en la estación propiamente dicha hay que agregar otros doscientos metros bajo la observación constante de no menos de treinta policías. Doscientos metros que necesariamente recorrió el tren robado por el mismo medio de una fiestas públicas sobre las cuales el Tercio Táctico de Encrucijada, siempre reforzado con la presencia de los conocidos drones, mantiene un constante control.

Pues bien, de manera increíble todo ese operativo fue burlado por unos muchachones borrachos, que no solo echaron a andar un tren bastante ruidoso frente a las narices del criador de puercos y su tropa, sino que después lo pasearon a las 2 de la mañana, mucho antes de su hora de salida, por entre una multitud perlada de policías.

Toda una demostración de la eficiencia de la policía de Encrucijada, que solo parece funcionar cuando se trata de vigilar a los ciudadanos decentes, enemigos del escándalo, de quienes saben no tienen que temer el ser puestos en una situación incómoda al faltárseles el respeto o desafiarlos.

Que vaya, no es lo mismo de saludable detener a un ciudadano semejante que a unos muchachones con algunos tragos de más entre pecho y espalda, con la testosterona derramándoseles por los huecos de las orejas.

No sé si al lector se le ha escapado la magnitud del dislate, pero no es el único. Ya antes dentro de la mencionada estación habían ocurrido varios robos, como el de una videocasetera.

Sobre este hecho, al preguntarle yo a cierto vitaminado y ojiclaro capitán seguroso sobre sí ya habían encontrado al culpable, y si pensaba él que tal vez la CIA hubiera tenido algo que ver, su respuesta no pudo ser más risible: “Probablemente”.

Nada, que en Langley, escasos de dinero durante la administración Obama, no encontraron otro recurso para autofinanciarse que preparar operativos para robar videocaseteras en las dependencias policiales cubanas.

La Derecha en Cuba.

El Cowboy Verraco.

No hay peor defensa que el repliegue a las posiciones a las que el enemigo desea llevarnos. La mejor defensa será siempre el ataque, desplazar al contrario de sus fortalezas y dejarlo inerme, expuesto en medio de la llanura al ataque de nuestra caballería.

En los últimos cuatro años, entre cubanos, se ha debatido mucho sobre la existencia de un centrismo político, desde el cual algunos pretenden evitar ciertos sambenitos que el castrismo ha conseguido colgarle a todo aquel que no se declare seguidor disciplinado suyo. Pero, ¿y no será más productivo y más acorde con la verdad debatir sobre el derechismo? O sea, ¿no será más realista que intentar colocarse en una posición defensiva aparte, “éticamente” limpia de las acusaciones con que el castrismo fulmina a quienes “no están con él”, el tratar de sacarlo de la colina en que se ha encastillado?

Para ello debemos comenzar por un claro deslinde.

Forma parte de la izquierda política todo aquel individuo, movimiento o partido, que defiende en primer término el que se amplíe la soberanía a toda la sociedad en cuestión; o sea, el que está porque el mayor número posible de individuos tengan el derecho y la capacidad real de decidir sobre los asuntos comunes. En segundo término, aquel que está porque todos los individuos disfruten de la más completa igualdad de oportunidades, de modo que solo las diferencias naturales influyan en el lugar del que cada uno logre hacerse en su sociedad.

La derecha, por contraposición, se caracteriza en primer lugar por su idea de que lo aconsejable es dejar la capacidad de decisión sobre los asuntos comunes en manos de una élite; en definitiva por limitar lo más posible la soberanía. Un principio suyo que, por cierto, rara vez expresa de manera explícita en la contemporaneidad. Y dado que la derecha defiende los privilegios en el momento actual, y es de humanos desear traspasar a los descendientes todo lo que al presente se disfruta, sobre todo los privilegios, es claro que tampoco está por la igualdad de oportunidades.

Es evidente que en Latinoamérica hay hoy fuerzas políticas que caen dentro de la definición de derecha arriba detallada. Las cuales mediante trucos legales, la manipulación mediática, y en última instancia la fuerza bruta, pretende conservar el histórico privilegio de las oligarquías en la toma de las decisiones. La brasileña quizás sea la más estereotípica derecha del subcontinente, lo que queda demostrado en los más recientes golpes de estado que ha protagonizado: parlamentario contra Dilma Rousseff, y legal contra Lula da Silva; o en sus devaneos descarados con los milicos y los fundamentalistas cristianos.

Pero al interior de Cuba también hay al menos una fuerza que puede ser identificada como de derecha: la castrista.

No obstante, por un fenómeno muy corriente en las relaciones entre corrientes políticas de países diferentes, esa derecha cubana ha tendido siempre a aliarse no con los sectores derechistas latinoamericanos, sino con los de la izquierda occidental.

No son algo nuevo estas extrañas alianzas transfronterizas. Recordemos que los mejores aliados de los rebeldes americanos en 1783 fueron nada menos que las retrógradas monarquías francesa y española, retrógradas si se las compara con la monarquía parlamentaria inglesa contra la que luchaban Washington y el Congreso Continental; que no pocos progresistas del Tercer Mundo prefirieron no pronunciarse contra la Alemania Hitleriana (Gandhi), que otros llegaron hasta expresar su pésame por la muerte de Hitler (Éamon de Valera), o que el movimiento bolchevique no encontraría en 1917 un mejor aliado que el Káiser Guillermo.

Tiene esto que ver con dos razones diferentes, que convergen en definitiva: En el caso de las derechas, las ideologías asumidas, exclusivistas por esencia propia, no tienen un carácter universalista, sino que representan los más bastos intereses de una élite, las cuales por lo tanto se aliarán a quién sea para protegerlos. En el de las izquierdas, aunque sus objetivos si son universalistas, sin embargo el hecho de que proponen algo nuevo, desacostumbrado, y por lo tanto bajo ataque del mayoritario pensamiento tradicionalista que predomina en toda sociedad, se verán obligadas a asumir sin muchos remilgos los aliados que puedan surgirle de más allá de sus fronteras.

En el caso de la derecha el que en lugar de principios haya intereses dota a esta de una gran flexibilidad en la conformación de sus alianzas; en el de la izquierda es la necesidad de quien es acosado desde todas partes quien obliga a no andarse con miramientos.

No se puede, por lo tanto, definir para qué mano tira en Cuba un individuo, un movimiento, o un partido, solo al tener en cuenta sus aliados más allá de las fronteras cubanas. No tiene ningún fundamento histórico pensar desde la Argentina, México o Chile, que en Cuba gobierna una izquierda solo porque esta se mantiene más próxima a la izquierda nacional que a la derecha. Solo se puede llegar a tal definición mediante el análisis de la actitud que ante la soberanía y la igualdad mantiene el individuo, movimiento o partido en cuestión.

En este sentido un análisis somero muestra lo correcto de clasificar al castrismo como una derecha: Los integrantes del gobierno actual, el cuadro administrativo y quienes proveen de justificaciones ideológicas al régimen castrista, periodistas e intelectuales “orgánicos”, forman una apretada élite política, social y hasta económica, que defiende con uñas y dientes sus privilegios. El principal el monopolio absoluto sobre la soberanía, el cual se mantiene gracias a un sistema político-electoral que reduce a cero la capacidad real de las grandes mayorías para decidir sobre los asuntos comunes.

Un sistema político-electoral ambiguo, en que por un lado se establece la soberanía popular en los artículos 3 y 131 de la Constitución, y por otro, como en el 5, que existe una vanguardia, una élite, que es la fuerza dirigente superior de la sociedad. En que el artículo 69 reconoce que la Asamblea Nacional es el órgano supremo del poder del estado, y a su vez el 93 le cede al Presidente del Consejo de Estado poderes de Monarca. En el que la Ley Electoral establece una de las formas más democráticas para nominar y elegir a unos concejales de barrio dotados de escaso poder real al interior del centralizado y piramidal estado cubano, al tiempo que a los diputados de la Asamblea Nacional se los nomina y elige mediante una mascarada.

En el que en fin, hay libertad de queja ante las autoridades, al menos según el artículo 63 de la Ley de Leyes, pero también una hipertrofiada policía política que analiza los motivos ocultos tras cada queja, y que al haber establecido relaciones demasiado próximas, de intercambio de favores, con las autoridades cuestionadas, tiende a protegerlas de las demandas con celo digno de mejor causa, hasta convertir cualquier inocente reclamo en un delito de “colaboración con el enemigo”.

Es de agregar que el núcleo duro del castrismo, llevado contra las cuerdas, y sobre todo en esos discursos más persuasivos que solo se dirigen al interior del país, no tiene escrúpulos en reconocer que en la realidad política limita la soberanía del pueblo cubano. En el discurso habitual de los más sinceros derechistas, que conformarían el bloque de extrema derecha, y el verdadero poder, se reconoce que se controla por quienes saben qué es lo mejor para todos (ellos), porque las mayorías no lo saben, ni nunca lo sabrán. Porque dejado Liborio a su libre albedrío lo primero que haría será el desembarazarse de ellos, los que saben (una pérdida concreta, una contrariedad real a sus intereses, que no puede más que molestar y preocupar), para entregar, atada de pies y manos, la Nación al Imperio (la racionalización, la justificación intelectual de por qué molesta y preocupa ese intento de limitar el privilegio del que se disfruta).

Por otra parte el castrismo, heredero de Rousseau más que de Marx, nunca ha estado por la verdadera igualdad. El castrismo presupone la necesidad de la existencia de una autoridad supra-social, cuya función sea la de recortar las anormalidades-fluctuaciones naturales que constantemente surgen en el cuerpo de todo sistema igualitario, y así ponen en peligro la igualdad impuesta desde arriba.

Es por lo tanto uno de los sistemas sociales más inequitativos, aquel que divide a la sociedad de manera radical entre igualadores e igualados, entre vanguardia y seguidores, entre dominantes y dominados. Un sistema que al no establecer saludables normas como las dictadas por la Iglesia Católica, en 1059 y por inspiración del futuro Gregorio VII, para impedir la reproducción sexual del clero “conductor del rebaño”, rápidamente evoluciona hacia un sistema estamentario en que los derechos de igualador se heredan de padres a hijos (el castrismo quizás habría estado bien, pero solo si los castristas antes hubiesen admitido castrarse).

La consecuencia es clara hoy: Para casi cada destino clave, o de estatus social elevado, como los relacionados con la oficialidad del ejército, la membresía oficial en la todopoderosa Seguridad del Estado (chivato con carnet, sin embargo, es todavía accesible a cualquiera), el cuerpo diplomático, o para conseguir trabajar en un sinfín de empresas e instituciones estratégicas, es un requisito cada vez más decisivo tener antecedentes familiares de incondicionalidad revolucionaria.

El problema no es si en Cuba hay o no, al presente, un centro político, el cual supuestamente cuenta con absoluta independencia del afuera. Algo por demás imposible, aun en los EE.UU., donde los intereses extranjeros manipulan mediante muchísimo dinero la política de la potencia mundial hegemónica, a través de cabilderos y hasta de tanques pensantes –muchos de ellos comprados por dinero saudí. Una independencia con cuya demostración los supuestos centristas pretenden librarse de los sambenitos que el castrismo ha conseguido lanzar sobre todos los que lo enfrentamos de manera abierta. El problema de raíz, el que debe ser atacado, es que en Cuba tenemos una derecha camaleónica, que suele dárselas de izquierda.

Una derecha incapaz de ceder, que se opone y se opondrá siempre, no importa las carantoñas que le hagamos, a lo que todos los demás queremos para Cuba.

Una derecha que histórica e histriónicamente ha sabido enlazar sus intereses a los de las izquierdas occidentales, y que ahora intenta hacer una jugada maestra: Pretende, sin romper esos lazos, acercarse también a las derechas.

Se impone cerrar filas ante esa derecha, no desgastarnos en discusiones bizantinas que lo que hacen es llevarnos al terreno teórico preparado de antemano por ella, admitiendo falsos, equívocos supuestos, que ella misma ha sabido imponernos.

Porque el asunto no es jugar según sus términos y categorías, sino según los nuestros.

Las muchas paradas de la Zafra en Villa Clara.

A fines de febrero pasado se reajustó el plan de Zafra 2017-18 en Villa Clara, aunque no a la realidad. De más de 180 000 toneladas de azúcar, la provincia ahora solo deberá producir 136 000, un número que no obstante está muy lejano de sus posibilidades reales.

A un mes de esa decisión la provincia solo había alcanzado el 35% de cumplimiento del nuevo plan, mientras para el pasado 5 de abril, a mes y medio, aún se lucha por acercarse al 50%.

Las paradas han sido una constante en esta cosecha. De hecho centrales como el Constancia, al sur de Encrucijada, que sintomáticamente se mantuvo más de 24 horas sin que su chimenea humeara a principios de esta semana, han estado parados durante un tiempo comparable al que han molido.

En algunos centrales, como en el Panchito, los directivos han achacado las continuas paradas a la falta de camiones. En lo que hay algo de verdad, aunque debe de aclararse que la realidad es como siempre mucho más compleja de lo que un miembro del empresariado castrista puede alguna vez concebir:

Los camiones no alcanzan, es cierto, pero por la desorganizada ubicación de los campos de cañas, y sobre todo por las enormes distancias a que suelen localizarse de los centrales. En Placetas, un municipio que perdió todos sus centrales, se puede ver a menudo camiones con dos remolques que se dirigen hacia centrales nunca a menos de 20 kilómetros de los cortes.

Es esta para nada óptima distribución de la materia prima la que estira más allá de sus posibilidades la capacidad de una flota de camiones que, en caso de una más racional distribución de los cortes, seguramente bastaría para las pequeñas zafras que hoy se hacen en Cuba.

Las autoridades achacan además las constantes paradas a los enormes volúmenes de materias extrañas, tierra por sobre todo, que las nuevas combinadas Case hacen llegar a los basculadores. Algo que cabía esperarse a consecuencia del paso del Huracán Irma en septiembre. Entonces la fuerza de los vientos sostenidos por horas y horas aplastó la mayor parte de los cañaverales, con lo cual la caña quedó en una postura para la que estas modernas máquinas no parecen estar preparadas.

Cabe preguntarse si era necesario utilizar estas máquinas para una zafra tan pequeña, y si con las veteranas KTP, y unos quinientos cortadores manuales para los campos más enmarañados, a quienes se les pagara a razón de 12 dólares por 500 arrobas cortadas al día, no habría bastado para tratar de manera efectiva con el lamentable estado de la materia prima.

No obstante el verdadero problema en esta Zafra villaclareña, y la causa de las constantes paradas, no es otro que la falta de cañas. Un problema que dejó la decisión de cumplir a cualquier precio el plan de la Zafra pasada: Aun al precio de no dejar mucha caña para la siguiente.

A propósito de Cataluña.

 Miles de catalanes se manifiestan para reclamar independencia y pacto fiscal

Decía Fernando Pessoa, en un artículo homónimo, que su patria era la lengua portuguesa. Para mí igualmente, solo que en mi caso es esa lengua que usaban todos los ibéricos al pasar a Las Españas americanas, desde el portugués hasta el catalán o el vasco: la de Cervantes.

Según Jorge Mañach las letras nacen de un sentido de pasado al servicio de una imagen de futuro. Son por lo tanto una interpretación del pasado y una idea del futuro, expresadas ambas en una lengua determinada. Lo cual implica en primer término que no poco de lo que contiene esa interpretación sea intraducible, incomunicable a otras lenguas. En segundo, el que la idea de futuro del hombre de letras incluya necesariamente la aspiración a que, en ese futuro imaginado, el idioma en que ahora lo imagina, su idioma, exista aún.

No es esto más que un reflejo de la humana voluntad de trascender a la personal circunstancia, más aguda que nadie en el literato. Porque si en ese futuro la lengua con que ahora se lo piensa se conservase viva, el pasado, que es ahora el presente del que sueña, será pensado en una interpretación traducible y directamente derivada de la del soñador. Quien por lo tanto contará con una posibilidad más cierta de dejar alguna influencia sobre los que vengan después, de no “haber vivido en vano”.

A  esto se reduce mi patriotismo de hombre de letras, y de soñador incorregible.

Tengo así por los grandes héroes de este, mi tiempo, a aquellos que en un futuro tendrán un papel muchísimo más importante en el relato histórico de este presente de lo que en él tienen en los espacios de los medios contemporáneos, grandes o chicos, o en la cultura de masas y hasta en la de élite: a los humildes mejicanos y centroamericanos que sin clara conciencia de ello han emprendido una Guerra de Reconquista semejante a la ibérica, y que terminará por reconvertir a buena parte de los EE.UU. de angloparlantes en cervantinos.

No es por tanto ese patriotismo mío como otros patriotismos ibéricos: bélico, guapetón, demasiado apegado a la honra, al no ceder. En la esencia de mi cervantismo, y no podía ser de otra manera en una línea de pensamiento que procede de Erasmo, no está el querer imponerse a los demás a la brava.

Estoy por infiltrar desde la humildad, desde el sembrado de tomates o la cocina, por ir desde allí renombrando las cosas, armando historias de la cotidianeidad que reemplacen poco a poco a Santa Claus con la Llorona. Por la afinación cada día mayor de una lengua ya de por sí mucho más apta que el inglés para convertirse en la lingua franca de un futuro mundo que no viva con la obsesión de los angloparlantes por el profit y el comfort.

Mi patriotismo por lo tanto no está por obligar a seguirme a la fuerza, a bastonazos de la policía, o mediante la amenaza del presidio político, como ocurre hoy en Cataluña de la mano de una clase política matritense que no es otra cosa que la heredera de una transición inconclusa a la verdadera democracia, la republicana.

Ninguna Constitución puede obligar a un conjunto humano, bien definido nacionalmente, con lengua y cultura propias que se hunden en la noche de los siglos, con un idioma que es el único en el reino que no ha cedido un kilómetro cuadrado al castellano desde 1300, a mantenerse ligado al estado definido por esa Constitución, cuando la mayoría de los miembros de dicho conjunto ya no quieren mantener esos lazos.

Ello no es más que un disparate, el mismo que ya se cometió con respecto a Cuba, que no solo le costó la vida a varias decenas de miles de jóvenes españoles a fines del siglo XIX, sino que agudizó todas las crisis que arrastraba España desde el siglo XVI, hasta llevarla a la cruel Guerra Civil de entre 1936-39. Porque todo lo sucedido en España en el siglo pasado, y no hablemos de en Cuba, tiene su origen en el trauma común de 1898, que no es sino el resultado del empecinamiento español en no conceder reformas primero, y de no entender después que era tiempo ya de marcharse como un padre. Uno que ha terminado por comprender que ya es tiempo de que su hijo ponga tienda aparte.

No quiero la disgregación de España, me duele que tal ocurra. Como mismo a los más preclaros cubanos del diecinueve, Martí entre ellos, les dolía separarse de la Patria donde todos tenemos nuestras raíces comunes (aquí hasta el más prieto tiene de isleño, de curro o hasta de catalán), a la vez que advertían de paso lo solos que quedábamos frente al gigante americano. Pero no se puede imponer al otro lo que ese otro no desea.

En España la clase política debe de acabar de entender que el empecinamiento, el no dar el brazo a torcer, no son virtudes políticas, sino el peor defecto que compartimos en todas Las Españas, legado de la Madre Patria.

Pero no es solo un problema de idiosincrasia española. Detrás del asunto catalán se descubren otras constantes de nuestro tiempo.

Debe ponerse término a esa política de élites que algunos, precisamente los miembros más conspicuos de las mismas, pretenden hacer pasar por democrática. Porque algunos, los más educados y con mayor acceso a los medios (sino sus dueños), al poder político y al capital económico (sino sus poseedores), lo que llamamos la Internacional de las Transnacionales, se dedican hoy día a hacer la verdadera política tras bambalinas, en el supuesto de que ellos si saben lo mejor para todos (que casualidad: lo mismo que pensaban de sí Fidel Castro o Francisco Franco).

Lo cual no discuto, y va y es cierto. Por lo menos lo es en cuanto a la urgente necesidad de una unificación global. Mas los recursos de que se valen: la manipulación de las masas, en el mejor de los casos, y la aplicación de la fuerza monda y lironda, en el peor, solo le abren la puerta a esta ola de antiglobalismo que hoy recorre el mundo de un polo al otro, a este regreso a la tribu y los fundamentalismos religiosos musulmanes, hindúes, cristianos… a un mundo en definitiva tan dividido como no se veía a posteriori de 1945.

Que en 1787 se elaborara y aprobara una Constitución por los miembros de la proto Internacional referida, de espaldas al pueblo, y con el evidente apoyo de aquellos que necesitaban de un marco legal uniforme para poder cobrar lo que se les adeudaba, pase. Hablamos de fines del siglo XVIII, cuando en Inglaterra, la nación más participativa de ese entonces, la cantidad de personas con derecho al voto activo estaba por debajo del 20% de la población masculina adulta. Mas no que tal ocurra hoy, cuando se supone que hemos avanzado un largo trecho en el camino de la democratización, de la difusión de la soberanía popular y de la afirmación de los derechos civiles y políticos.

Es desalentador, pero hasta en la región más avanzada del mundo, la Europa Comunitaria, se han aplicado mecanismos anti-democráticos como el del libretazo de la Constitución Europea de 2004: Recordemos que ante la negativa de los referendos francés y holandés casi todos los demás estados se apresuraron a sustituir la consulta popular por la vía parlamentaria. O lo que es lo mismo, “los que saben” se apresuraron a sacar de las manos de “los que no” una decisión tan trascendental.

¿Qué el ciudadano de hoy está muy encerrado en su burbuja de libertad moderna (aproximadamente eso que Isaiah Berlin, en su simplificación del pensamiento de Benjamín Constant, llamaba libertad negativa), como para dejar en tan limitadas manos el gobierno de los asuntos de un mundo humano enfrentado a la peor de sus crisis, por lo menos desde el final de la última Era Glacial?

Pero no debe de olvidarse que a esa burbuja lo empujó precisamente la Internacional referida, con el fin de reconvertirlo de un individuo que no hacía crecer la economía de manera continua, en el consumidor insaciable que se ocuparía de hacerlo, a partir de ese momento a principios del siglo pasado en que la Humanidad comenzó a alcanzar los límites que le impone el planeta.

Los ciudadanos de Catalunya son entes soberanos, y no se los puede obligar, ni mediante la presión económica, que vulnera sus derechos económicos y sociales, ni mediante la fuerza militar y policial, que pisotea sus derechos civiles y políticos. Admítase de una buena vez esta verdad, y no queramos seguir jugando a gobernar al mundo tras bambalinas.

Somos muchos los que compartimos sus objetivos generales, pero no sus métodos antidemocráticos. No sigan apartándonos con sus trampas, sus manipulaciones, o hasta con la fuerza, que no todos tenemos la suficiente claridad para no caer en las manos non sanctas que hoy proliferan en este mundo amenazado por los tribalismos y los fundamentalistas.

En cuanto a Cataluña, lo que cabe es que el estado español organice allí un referendo, al tiempo que los defensores de la unidad española presentan un nuevo modelo de estado, quizás una República Confederal… Pero más que nada que se respete lo que el pueblo catalán decida en las urnas.

Si después no les va bien con su independencia, pues es su asunto.

La libertad verdadera es aquella que nos da el derecho a equivocarnos una y mil veces. E incluso a rectificar, que va y si por allá por España lo morado se une a lo confederal, quizás hasta le pidamos membresía en su organización a Ferrán Núñez. Pero quede claro: En la nueva España nada de coronas, de títulos, o del ABC ese al que tanto le gusta a Mariela Castro darle entrevistas; y muchísimo menos de Madrid como el ombligo del Mundo, que a mí en primer lugar me duerme el balompié, y el mucho color blanco me emperra la migraña.

De trabajos voluntarios, globos y referendos.

José Gabriel Barrenechea.

Según el semanario de la CTC, Trabajadores, 70 000 villaclareños participaron el pasado domingo 1 de abril en la Jornada Nacional de Trabajo Voluntario.

O sea, uno más o menos de cada 10 habitantes de esta provincia se sumó a la movilización. Un número que resulta poco creíble para quienes vivimos aquí, y este domingo salimos a la calle desde muy temprano.

Pero si bien el número de participantes no parece concordar con el ambiente de la calle, donde ni se vieron camiones y guaguas camino de la agricultura, ni centros de trabajo en labores de “limpieza y embellecimiento”, los resultados sí parecen confirmar algo que ya hemos dicho: Los trabajos voluntarios tienen la nociva consecuencia de malacostumbrar al trabajador a la bajísima productividad de que suele hacerse gala en los mismos.

Tengamos en cuenta que según Trabajadores los resultados de este trabajo voluntario fueron la siembra de 25 ha de caña, y la recogida de 650 quintales de papa. Lo que equivale a decir que cada uno de los 70 000 movilizados recogió algo menos de una libra de papas, y sembró poco más 15 pedazos de caña en 7 metros de un surco.

Todo un logro en la promoción de la vagancia en Cuba.

Preguntémonos ahora cuánto se gasta en movilizar a 70 000 personas. Seguramente mucho más de lo necesario para organizar uno de los 2 referendos que deberían convocarse anualmente en Cuba, una supuesta democracia directa.

Para sembrar 25 ha de caña, y recoger 650 quintales de papas, unas 30 toneladas, no se requiere movilizar a más del 20% de la población laboral de Villa Clara. Con menos de 300 trabajadores se realiza cualquiera de las dos actividades, en una jornada normal de trabajo, y dadas las condiciones atrasadas del campo cubano.

No se requiere para ello movilizar a tantos villaclareños, o al menos pretenderlo en esos informes que se comienzan a inflar desde la base hasta llegar a globos inmensos al llegar a la oficina de Raúl Castro.

Sería más educativo para nuestro pueblo, en un pleno sentido cívico, y más conveniente para el realista gobierno de este país, que el tiempo que hoy se gasta en ejercitar la infinita capacidad de mentir del cuadro administrativo castrista mediante la convocatoria a trabajos voluntarios, se empleara en su lugar en organizar referendos. En los cuales se le pida la opinión al ciudadano aun sobre los asuntos de apariencia más nimia.