Para acabar un Embargo.

José Gabriel Barrenechea.

La Nación Cubana no nace de una supuesta voluntad de segregarnos del mundo occidental en expansión. Cuba adviene, más bien, por la voluntad de los cubanos de conectarse a ese mundo del que los intenta aislar la mentalidad conventual de la Corona Española. Desde esa perenne revuelta criolla contra aquella, que es en definitiva el comercio de rescate, hasta el pase al mercado negro de los actuales importadores de ropa a quienes el monopolio estatal pretendió hacer desaparecer, pasando por la revuelta de los vegueros o la misma Guerra de los Treinta Años por nuestra independencia, lo cubano se ha manifestado por sobre todo en un ansía de conectarse con el naciente mundo de la modernidad, y en consecuencia, en el enfrentamiento al espíritu galalaico-castellano de encierro.

Esa actitud que, desde los inicios mismos de la colonización asumen los habitantes de la Isla, de no dejarse encerrar en el entramado monopolista comercial de las Leyes de Indias, su irreverente imposición de las propias reglas, que incluyen el intercambio abierto con todos los que por esos siglos navegan por el Mar Caribe y por la cara americana del Atlántico, se transforma, con la ocupación de La Habana por los británicos, y más tarde con la Revolución Francesa que saca del juego a Haití, en la aspiración clara y distinta al Libre Comercio.

Cuba es la primera nación occidental que nace con y por esta aspiración. Es precisamente ella la que une por primera vez en un interés común a todos los cubanos de las clases libres, o lo que es lo mismo, de las que por entonces cuentan.

La culminación de esa aspiración fundacional nuestra es, a no dudarlo, la Doctrina Grau. No hay mejor enunciación suya que las siguientes palabras que Guillermo Belt Ramírez, Presidente de la Delegación Cubana a la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz de Río de Janeiro, en 1947, pronunciara ante ella:

“La Delegación de Cuba considera que el capítulo que se refiere a las amenazas y los actos de agresión será incompleto y carecerá de valor si en el mismo no se incluyen las amenazas y agresiones de carácter económico. La simple notificación que un Estado haga a otro de que aplicarán sanciones o medidas coercitivas de carácter económico, financiero o comercial, si no accede a sus demandas, deberá ser considerada una amenaza. La aplicación unilateral de estas medidas deberá ser considerada como un acto de agresión”.

Doctrina que si bien los cubanos no logramos hacer adoptar como principio de las relaciones internacionales en 1947, si lo conseguimos en 1948 (al menos en el papel), en Bogotá, cuando en la Carta de la Organización de Estados Americanos, en su artículo 16, quedó establecido:

“Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener ventajas de cualquier naturaleza”.

¿Cómo entender entonces que algunos cubanos apoyen al presente el Embargo de los EE.UU. a nuestro pueblo, o lo que es lo mismo, una nueva forma de encierro, una violación de nuestra aspiración constituyente?

En un anterior trabajo me referí a las semejanzas entre dos de nuestros extremismos, Anexionismo y Nacionalismo Radical (castrismo); a la sospechosa manera en que uno y otro justifican su existencia en la del otro. Pues bien, algo parecido se percibe entre quienes apoyan el Embargo, y los partidarios de la ortodoxia castrista. Por lo menos unos y otros afirmanimprescindibles sus radicales posturas y actitudes debido a las mantenidas por el otro.

Para cualquiera que entienda la particular y excepcional naturaleza del régimen cubano, resulta evidente que la desaparición del Embargo significará para él una herida de muerte. Mucho más ahora, cuando se acerca de manera irremediable al momento en que la “generación histórica” saldrá del juego, y en que necesariamente habrá un vacío de poder hasta que los nuevos dirigentes cooptados por dicha generación logren adquirir la suficiente legitimidad, más que nada ante el resto de la nomenclatura, y sobre todo ante las instituciones armadas.

El régimen cubano pertenece al grupode los que en su momento intentó imponer una versión diferente de convivencia humana a la del mainstream mundial. Fracasado ese intento, solo le quedaba un camino para seguir existiendo sin grandes variaciones de principios: aislarse sanitariamente del mundo que lo rodeaba. Norcorea, por ejemplo, fue efectiva en ese reto: La estabilidad de la dinastía de los “chinitos siniestros” se explica en buena medida por suprobada capacidad para poner a vivir a sus súbditos en la cara oculta de la Luna.

En el caso de Cuba ese aislamiento hubiera resultado mucho más difícil de imponer desde dentro, por la misma naturaleza de nuestra Nación. Pueblo atlántico más que latinoamericano, el régimen no logro desconectarnos por completo de Occidente ni aun en los tiempos en que el CAME aseguraba cierta prosperidad relativa, así que resultaba poco previsibleque lo consiguiera tras la desaparición del campo socialista. Mas no hubo necesidad: el aislamiento se lo regalaron, y en bandeja de plata, desde el exterior; desde los EE.UU. nada menos, o sea, desde la nación que por fuerza es el principal complemento de una economía como la nuestra, incapaz de la autárquia económica.

Si el régimen cubano ha sobrevivido 25 años a 1989, solo se explica en un final por el mantenimiento y hasta endurecimiento del Embargo de los EE.UU.

Es innegable que ante el levantamiento del mismo el régimen no habría respondido sino con más desplantes, y para nada con una política respetuosa de los derechos políticos y civiles. Sin embargo, le habría resultado muy peligroso responder auto-bloqueándose, por lo que habría tenido que a la larga adaptarse a las nuevas condiciones y situaciones consecuentesa la desaparición del Embargo.

Cada medida en la dirección de un auto-bloqueo como respuesta, solo habría aumentado el descontento, al que en la nueva situación ya no habría manera de contener con argumentos de ciudad sitiada; porque sin sitio concreto ya no podría haberlos. Si estos argumentos, debido a su carácter tangible logran por lo general llegar a la embotada sensibilidad de las masas, y en consecuencia consiguen su apoyo para quienes los invocan, no ocurre lo mismo con los etéreos del tipo de los del “Carril Dos”. Las masas suelen estar predispuestas al tipo de enemigos que implica la ciudad sitiada, pero no a los de la “sutil penetración ideológica”, y sobre todo cuando esta última iría necesariamente acompañada de un considerable mejoramiento de sus condiciones de vida, ya que téngase presente que la eliminación del Embargo habría ocurrido en años en que solo se podía ya ir hacia arriba, como 1993.

Al régimen, por lo tanto le habría resultado imposible ponerle barreras al enorme flujo de personas, de información, de dinero y oportunidades, con los consiguientes intereses en su continuo engrosamiento que aquí surgirían, hasta en la misma nomenclatura. Como hemos visto de ninguna manera podía responderal levantamiento del Embargo con un auto-bloqueo, y debido a ello habría tenido necesariamente que cambiar. El totalitarismo habría sido lo primero arrasado por el torrente de la apertura, y su lugar lo habría ocupado un autoritarismo de partido único que muy poco habría tenidopara intentar permanecer, salvo el carisma de Fidel. Mas el carisma de Fidel mismo no habría conseguido sobrevivir a la larga con las fronteras abiertas de par en par y en una circunstancia en que lo cotidiano fuera lo habitual.Hombre de lo aislado y lo trascendental, también él pronto habría sido superado.

De hecho, si el Embargo se hubiera levantado en 1992, es muy poco probable que el régimen hubiese podido aguantar hasta que sus órganos de inteligencia consiguieran afirmar el régimen chavista en Venezuela. Es así casi seguro que Cuba hubiesecomenzado a transitar hacia la democracia antes del arribo del nuevo milenio.

Mas no sucedió de esa maneraademás de porque en general ni el público ni los políticos suelen aceptar nunca como eficaz o moral el uso de la paciencia,del más que empujar abrir cauces a las tendencias a colapsar inmanentes a ciertos regímenes, por la particularidad de tres posturas, que aun sin quererlo (o al menos eso pretenden sus sostenedores), contribuyeron a la ilógica persistencia de un régimen como el cubano: La de cierto sector de la política norteamericana que vivesu relación con Cuba de la misma forma guapetonil que los castristas viven la suya con ellos, o sea, que ceder, transar, no es una opción; lade unapoderosa porción de nuestros emigrados,quienes prefirieron pensar en términos de reclamación de bienes nacionalizados,y noen los de una democratización de la que no era seguro obtener todo lo que se esperaba si por el contrario se lograba arrodillar al país (más que a los Castros, no nos engañemos); y porque otro grupo considerable, por sobre todo entre la gran mayoría de los disidentes (con honorabilísimas excepciones: Payá, por ejemplo, aunque no el único), no se atrevían de ninguna manera a imaginar una política que los separara de ese sector anterior.

Esperar que con presiones exteriores sobre el régimen se logrealgo es contraproducente, no encaja con las mismas razones que se dan para no cambiar de las presiones a la paciente apertura de cauces a la inmanente tendencia del régimen a decaer: Hasta a un escolar le es evidente que a este no le gusta ser presionado, que en esa situación actúano de otra forma que enquistándose más y más. Pero es que además, actuando de esa manera se consigue a su vez solidarizar aún más a las masas con el régimen, ya no solo por su discurso de ciudad sitiada en el que se las presenta como las principales perjudicadas (en lo que, como vimos, hay al menos una pizca de razón), sino también porque los cubanos tendemos a ponernos siempre del lado del que es presionado.

Solo dándole sin precondiciones lo que no puede rechazar sin perder credibilidad, solo cediéndole lo que a la larga él no puede asimilar, se logrará democratizar a Cuba (aunque por desgracia, para mí también, por cierto, no es nada seguro que se obtengan restituciones de bienes nacionalizados). A no ser, claro, que como ya advirtió Yoani lo que se pretende no sea otra cosa que meterle presión a la caldera hasta que explote… Lo cual créanme, no le conviene a nadie, excepto a los elementos caóticos de nuestra sociedad (que no son pocos), o de las colindantes.

El régimen cubano ha organizado a la sociedad cubana de manera tal que cualquier apertura profunda hacia un mundo que en su momento pretendió superar, y del cual tanto se diferenció, implicará cambios en dicha sociedad que tarde o temprano la obliguen a desembarazarse del régimen, o a este a acomodarse a los mismos, en una medida que lo conducirían a una gradual ampliación de la soberanía, y por tanto a su desaparición. Cuba no es China, un estado de 1400 millones de habitantes que es capaz de dictarle sus condiciones al mundo, no es tampoco una nación no occidental como Vietnam, o un régimen autoritario con economía capitalista que sería capaz de asimilar, con total facilidad, aun los relativamente escasos flujos de capital que correrán hacia acá, o las consiguientes presiones que estos ejercerán para el establecimiento de legislaciones claras en lo económico, lo financiero, lo impositivo, pero también en lo civil, lo penal…

El régimen cubano no vive en la realidad del presente, y por tanto ha debido rodear a sus súbditos en un capullo de símbolos, en un país de fantasías de mal cartón que la primera brisa se llevará, si abrimos de par en par puertas y ventanas.

Hay algo más, y no lo menor: Pretender alcanzar la libertad mediante las presiones económicas de externos, además de no caber en nuestra naturaleza, es asumir, en el caso poco probable de que sirviera para algo, deudas de gratitud demasiado gravosas. No solo debemos pensar en comenzar la democratización, en buena medida porque su éxito dependerá de que tras el minuto cero logremos un país apto para aprovechar todas sus posibilidades de desarrollo, que no son pocas, por cierto, pero que dependen de nuestra independencia política.

Es además inmoral, porque supone utilizar la miseria de nuestra misma gente para conseguir lo que en todo caso nosotros, los que nos pretendemos líderes suyos, no hemos podido. Un político no está para obligar mediante coacciones a que las masas hagan lo que ellos consideren, a no ser que las coacciones empleadas sean de tipo moral, en que mediante el ejemplo personal se provoca la acción gracias a la vergüenza.

Alcanzar la democracia por nosotros mismos es posible, y al hablar de nosotros incluyo a todos los cubanos, vivan donde vivan. Es cierto que los de adentro no podemos prescindir de la solidaridad de otros países (si el régimen no nos ha fusilado a todos de una buena vez, no nos engañemos, es no por otra razón que por el miedo al escándalo internacional), o que los de afuera no pueden dejar de utilizar sus redes de influencia, pero lo que si no podemos es pretender que otra Nación nos haga lo que a nosotros, y solo a nosotros nos toca (es bueno recordar aquí que no solo hay cubanos emigrados en los EE.UU.). Más cuando los mismos mecanismos que pretendemos utilizar van tan en contra de nuestra naturaleza de pueblo atlántico, fundado sobre y por la aspiración al más completo intercambio con el mundo, y específico con nuestra civilización: la occidental.

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Algunos apuntes sobre el Bloqueo (Conclusiones).

José Gabriel Barrenechea.

En Cuba todos los nacidos en los setentas, y que por tanto cursamos estudios secundarios o preuniversitarios en la década siguiente, oímos y leímos, una y otra vez, de cómo se había hecho la Revolución, entre otras razones, para acabar con nuestra dependencia económica, comercial y financiera de los EE.UU. Se nos remachó en nuestros subconscientes hasta la saciedad, que importaciones y exportaciones desde y hacia aquel país rondando siempre un 70% u 80 % del total, o que inversiones en semejantes proporciones… coartaban la soberanía económica de nuestro país, y en consecuencia también la política. Visto lo cual, Fidel y sus adláteres decidieron que valía la pena sacrificar sus vidas si hubiera sido necesario, para en definitiva alcanzar la plena y absoluta independencia nacional.

Tales enseñanzas nos vienen inevitablemente ahora a la cabeza a quienes nos acercamos a los cuarentas o hemos doblado ya ese cabo, cuando escuchamos perorar en los medios oficiales acerca de cómo el Bloqueo ha encarecido subidamente nuestras importaciones; o de la crecida cantidad de dinero que el gobierno de los envejecidos adláteres calcula ha perdido el país a consecuencia de aquel: En el último conteo de 2011 nada menos que un millón de millones de dólares. Exactamente lo que hubiesen dejado todas las hipotéticas zafras de 5 millones de toneladas de azúcar desde 1511, año del comienzo de la Conquista, hasta el presente, quinientos años después.

Surge la pregunta: ¿No resulta en definitiva este reclamo de poner fin al Bloqueo, al menos por quienes pontificaban que era nuestra relación con los EE.UU el origen de todas nuestras desgracias, un reconocimiento tácito del fracaso de los caminos que desde el poder ellos terminaron imponiéndole a la Revolución?

Lo cierto es que en el periodo que transcurre entre 1959 y 1989 el estado cubano disfrutó por parte de su par soviético de facilidades de pago, de préstamos, y de una política de precios que difícilmente hubiéramos podido tener en el supuesto de que nuestras relaciones con EE.UU. no hubiesen llegado al rompimiento de 1962. Recuérdese tan solo que en dicho periodo los EE.UU. disminuyeron su consumo global de azúcar ante el avance de otros edulcorantes, con lo que de haberse mantenido el sistema de cuotas, necesariamente nuestra porción en él habría disminuido también inexorablemente.

Nadie explica mejor esta verdad que el propio Fidel, en una de sus respuestas a Jeffrey M. Elliot y Mervin M. Dimally, en marzo de 1985: “La supresión del Bloqueo solo a largo plazo implicaría alguna ventaja. No voy a decir, porque no sería cierto, que no se derivarían algunos beneficios. Quizás hubiera alguna ventajas prácticas, quizás algunas mercancías que hay que adquirir en terceros y distantes países las podamos comprar en EE.UU., con menos gastos de transportes y entrega más rápida; algunos equipos médicos que se fabrican en EE.UU., algunos productos farmacéuticos, y cosas por el estilo, de esta índole. Pero no es una cosa trascendental…”

Y refiriéndose un poco más adelante, a que para poder exportar hacia EE.UU. habría que necesariamente disminuir las exportaciones hacia el campo socialista afirmó entre risas: “Hay un dicho campesino que dice que no se puede cambiar la vaca por la chiva”

Sin embargo, y por desgracia, esa vaca, o lo que es lo mismo, la masiva ayuda soviética, que en general debió rondar los 200 000 millones de dólares a precios de 1980, sufrió el mismo triste destino que la enorme masa ganadera que la élite revolucionaria encontró a su ascensión al poder… fue dilapidada alegremente en “experimentos”, que nada tenían de ellos y sí mucho de juegos.

Algunos apuntes sobre el Bloqueo (III).

José Gabriel Barrenechea.

Mas la URSS parecía tener una inagotable voluntad política de ayudarnos, o más correctamente de ayudar a la élite política que había dejado detrás una revolución ya muerta y enterrada: Cuando al año y pico de haberse suscrito los acuerdos el precio del azúcar se disparó hasta los 29 centavos por libra, de inmediato readecuaron los precios.

La tabla siguiente, tomada de Cuba y la Economía azucarera mundial, del Doctor Marcelo Fernández Font, nos permitiráobservar hasta qué punto llegaba esa buena voluntad soviética:Hasta llegar a pagarle el azúcar al estado cubano a cuatro veces su precio en el mercado mundial.

Tabla III(Dólares por tonelada de azúcar crudo cubano).

Países 1978 1979 1980 1981 1982
Bulgaria 402,78 423,61 444,44 494,86 515,45
Checoslovaquia 361,11 361,11 437, 93 366,99 460,43
RDA 361,11 361,11 437,93 506,41 506,41
Rumanía 361,11 361,11 361,11 492,16 368,34
URSS 608,14 602,85 759,19 606,09 658,12
Mercado mundial 135,69 163,76 446,57 261,04 170,12

 

Utilizando además los datos que el mencionado libro nos da de los volúmenes de azúcar vendido a la URSS(como promedio algo más de 3 millones de toneladas), podemos calcular cuánto el estado cubano obtuvo gracias a dichas ventas, por encima de lo que habría logrado en el mercado mundial: Solo en estos cinco años, y en el único caso de la URSS, aproximadamente 7 481 millones de dólares.

Pero si además incluyéramos lo que se obtuvo gracias a las facilidades que a su vez nos daban los demás países ricos del CAME, la cifra resultaría de alrededor de 9 000 millones de aquellos años, o unos 30 000 de los de hoy día.

Solo entre 1973 y 1989 el estado cubano obtuvo, únicamente por los precios preferenciales del CAME a nuestra azúcar, la exorbitante cifra de más de 30 000 millones de dólares de la época, lo que a su vez equivaldría a unos 5 000 millones de la época de Plan Marshall. Mucho más dinero del que gracias a la repartición de dicho Plan pudieron obtener grandes naciones de Europa occidental, algunas con una población por aquel tiempo cuatro o cinco veces superior a la de nuestro país en 1989.

Despilfarrando el amor ajeno.

Pero la ayuda soviética no solo se concretó en los precios preferenciales en que nos compraban nuestro azúcar.

En 1973 estalla la tercera guerra árabe-israelí, y no obstante su rápido final, ya no se podrá detener la espiral alcista de los precios del barril de petróleo crudo:Para el año siguiente su precio, que nunca antes había excedido los 3 dólares, se sitúa en los 12… Seis años después, en 1980, el barril promedia 30 dólares.

La era del petróleo barato había llegado a su fin. El ritmo de crecimiento de la economía se aletargó en todo el mundo, pero es en América Latina donde se ensaña con particularidad esa ralentización. Ante la subida general de los precios que genera la del petróleo, las naciones latinoamericanas se vieron obligadas a pedir en calidad de préstamo ingentes cantidades de dinero, lo que provocará que pronto se encuentren debiendo al exterior cantidades comparables con sus productos internos brutos anuales…

En 1984, al desatarse la llamada Crisis de la Deuda Externa, estos fueron los valores de dicha deuda de algunos países:

Tabla V

(Elaborada con los datos obtenidos del libro Fidel Castro y la Deuda Externa, Editora Política, 1984).

País Deuda(en millones de dólares).
Brasil 101 800
México 95 900
Argentina 48 000
Venezuela 34 000
Chile 18 440
Perú 13 500

 

“¿Cuánto debe cada habitante?”- se preguntó Fidel en su discurso de clausura del Encuentro sobre la Deuda Externa de América Latina y el Caribe, al referirse al percápita de ésta en nuestra región- “unos más otros menos, como ustedes saben. Pero como promedio deben 923 dólares por habitante”.

A diferencia de los demás países latinoamericanos, que en ese momento entraron en sus llamadas “décadas perdidas”, Cuba, como hemos señalado ya, disfrutaba de “una forma ejemplar de relaciones económicas entre un país industrializado y un país subdesarrollado”, no del “tipo de relaciones que imponen a los países el capitalismo y el imperialismo”. Gracias a lo cual, en medio de la imparable inflación petrolera, la URSS nos vendía el crudo a un precio muy inferior al que debían pagar aquellos.

Tabla VI

(Elaborada con los datos obtenidos del Anuario Estadístico, 1981).

  1975 1980
Ctd de petróleo crudo importado de la URSS 5 797 millones de toneladas 6 025 millones de toneladas
Precio total del petróleo crudo importado desde la URSS 223 354 millones de dólares 491 446 millones de dólares
Precio de la tonelada(URSS) 40 $ 80$
Precio del barril(URSS) 6$ 12$
Precio del barril(Mercado Mundial) 12$ 30$

 

Y no obstante, a pesar de esa “sin precedentes” relación con la URSS, que se supone debió librarnos de la causa que había tenido que ver con el endeudamiento de Latinoamérica (la inequitativa relación), Cuba no se sumó a la lucha contra la impagable deuda externa solo por un sentimiento de altruista internacionalismo proletario: Como se ha reconocido después, Cuba por entonces le debía al “mundo capitalista”, con el que únicamente realizaba el 15 % de su intercambio comercial, poco más de 5 000 millones de dólares. O sea, para entonces cada cubano, como promedio, le debía solo a los capitalistas y sin considerar lo que tendría que comenzarle a pagar a los soviéticos el 1 de enero de 1986, la bonita cantidad de 500 dólares.

Algunos apuntes sobre el Bloqueo (II).

José Gabriel Barrenechea.

En 1959 los EE.UU. nos habían comprado 2 943 000 toneladas de azúcar a 5,35 centavos la libra. Ese año el precio del azúcar en el mercado internacional había sido como promedio 2,97 centavos la libra. Esto significa que los precios que obtuvimos de EE.UU., en ese año específico, superaron en 1,8 veces a los del mercado internacional.

La gráfica que sigue nos proporciona una idea de la relación entre dichos precios a lo largo de la década de los cincuenta:

Tabla I

(Elaborada a partir del Anuario Azucarero de Cuba. 1958 y Cuba y la Economía azucarera mundial).

Año Precio preferencial norteamericano, en centavos la libra Precio del mercado mundial, en centavos la libra
1950 5,35 4,89
1951 5,25 5,70
1952 5,12 4,17
1953 4,97 3,41
1954 4,93 3,26
1955 4,80 3,24
1956 4,86 3,47
1957 5,33 5,16
1958 No datos 3,50
1959 5,346 2,97

 

Como puede observarse durante el periodo citado los norteamericanos nunca nos compraron el azúcar al doble de su valor en el mercado internacional. De hecho hubo un año, en 1951, en que los precios en este último mercado estuvieron 0,45 centavos por encima del protegido de los EE.UU. Pero también, ¿cómo se explica que ya desde 1959 intentaran estrangularnos económicamente, según sostiene el discurso oficial, si ese fue precisamente el año en que más espléndidamente nos pagaron el azúcar? Esto resulta en realidad insostenible.

Veamos ahora que ocurrió con quienes vinieron a encargarse de lo que los americanos habían dejado de comprar a partir de 1960, cuando terminaron suspendiendo la Cuota Azucarera con que nos favorecían desde 1934:

Tabla II

(Elaborada a partir de Cuba y la Economía azucarera mundial).

Año Precio preferencial en el mercado soviético, en centavos la libra Precio del mercado mundial, en centavos la libra
1961 4 2,80
1962 4 2,83
1963 4 8,34
1964 6.11 5,77
1965 6.11 2,08
1966 6.11 1,81
1967 6.11 1,92
1968 6.11 1,90
1969 6.11 3,20
1970 6.11

 

3,68

 

Pero no solo salimos ganando por la subida de los precios al comerciar con la URSS en lugar de con EE.UU. (4 años de 10 en que el precio al que nos compraban el azúcar los soviéticos superaba en dos veces al mundial). Si entre 1961 y 1963 las cantidades de azúcar que los soviéticos convenían en comprarnos tenían un tope de 3 000 000 de toneladas, casi lo mismo que nos hubiese correspondido por el sistema de cuotas de EE.UU, de 1964 a 1970, el nuevo convenio firmado en el primero de los años referidos (1964), admitía estabilizar el intercambio en 5 000 000 de toneladas.

Semejante venta hubiera significado nada menos que el valor total de nuestras exportaciones en 1959.

Mas entre 1964 y 1970 nunca se consiguió cumplir con lo pactado.

Un regalazo de Navidad.

La ayuda soviética vino luego, a inicios de los setentas, a salvarnos de lo que tras de sí dejó el intento de Fidel Castro de dirigir hasta el más nimio detalle de la economía del país desde un yipi. Ello se concretó gracias a losAcuerdos Económico-Financieros de 23 de diciembre de 1972, y que al parecer la dirección soviética se decidió a concedernos preocupada por la larga estadía del comandante en la URSS.Se temió, según las malas lenguas, que hiciera un cambio de dirección a Moscú, que luego pretendiera entrar en el PCUS, que más tarde llegara a Primer Secretario, para media semana después provocar un holocausto nuclear.

Al decir de Fidel, estos acuerdos significaron: “una forma verdaderamente ideal, una forma ejemplar de relaciones económicas entre un país industrializado y un país pobre y subdesarrollado como es nuestro país… no existe a nuestro juicio, ningún precedente en la historia de la humanidad de tan generosas relaciones”-Como es la verdad.

Pero dejemos que sea el mismo Fidel quien nos explique en que consistieron los referidos acuerdos:

“En primer lugar, sobre la deuda exterior, es decir los créditos: tanto créditos comerciales- para satisfacer el desbalance comercial que hemos tenido todos estos años- como los créditos para el desarrollo, las deudas contraídas por estos conceptos, se pospone su pago hasta el primero de enero de 1986, es decir, para dentro de 13 años, para pagar con productos cubanos en 25 años, y, además, sin ningún interés a partir del momento de la suscripción de estos acuerdos. Es decir, una fórmula óptima para abordar el espinoso problema de la deuda exterior, problema agobiante hoy para la inmensa mayoría del mundo.”

“En segundo lugar, nuevos créditos con relación al intercambio comercial; para los futuros años en que nosotros necesitamos créditos comerciales para compensar el intercambio. De nuevo se trata esta cuestión de una manera óptima: se le facilita a Cuba los créditos necesarios para la importación de la mercancía que requiere anualmente de la Unión Soviética en los próximos tres años- y son cantidades grandes-, y del mismo modo se pospone su pago para 1986, para pagar en 25 años, y no devengarán interés alguno.”

“Por otro lado, créditos no comerciales, sino créditos para nuevas inversiones, créditos para el desarrollo. Se nos conceden los créditos con un interés muy bajo y para pagar en 25 años- no en cuatro ni en cinco ni en diez ni en quince: ¡para pagar en 25 años! Otra fórmula realmente ideal para abordar los problemas del desarrollo para cualquier país en las condiciones de Cuba.”

“Y por último, con relación a nuestros productos, a nuestras exportaciones principales, la Unión Soviética nos concede precios altamente satisfactorios. Se elevan considerablemente los precios que nos venían pagando por el azúcar, que eran superiores al precio promedio del mercado mundial, y nos garantiza esos precios en el futuro, precios equivalentes a 11 centavos (dólar) la libra. ¿Qué significa esto? Que por cada millón de toneladas que exportemos recibiremos aproximadamente 100 millones más de pesos, ¡por cada millón de toneladas! La diferencia entre el precio que existía de algo más de seis centavos, a estos precios actuales.”

“Y lo mismo ocurre con el níquel. Los precios promedios de estos años han estado entre dos y tres mil dólares la tonelada en el mercado mundial, y ellos nos conceden precios aproximadamente de cinco mil dólares la tonelada.”

Solo a partir de la firma de estos acuerdos, en Cuba se comenzaría a vivir como si en realidad hubiera habido un cambio político-económico-social significativo. Esto se nos hace evidente con solo mirar las series históricas del percápita de alimentación, del número de médicos en ejercicio, de los niveles de universitarización o del propio índice de mortalidad infantil. De inmediato se nota que los mismos presentan su inflexión más importante no en los años que siguen al triunfo de la revolución exactamente (algunos incluso descienden durante la década de los sesentas), sino a posteriori de 1972; y todo gracias a la ayuda sovié

Algunos apuntes sobre el Bloqueo (I).

José Gabriel Barrenechea.

Ahora que tantos nos hemos puesto de acuerdo en condenar el bloqueo económico, comercial y financiero a que por medio siglo nos ha sometido el gobierno de EE.UU., no viene a mal recordar la ingente ayuda que a partir de 1960, y por treinta años, le brindaron a Cuba los sucesivos gobiernos soviéticos. Solo así evitaremos no ver la realidad de que esteno es por completo ni mucho menos el causante de nuestra situación económico-comercial-financiera actual.

Las demandas de Ricardito.

En noviembre de 1999, Ricardo Alarcón de Quesada, presidente entonces de la Asamblea Nacional, comunicó a los medios que muy pronto se presentaría ante nuestros tribunales una demanda de indemnización, por los daños ocasionados por el bloqueo que durante casi cuatro décadas el gobierno de EE.UU. le había impuesto a nuestro pueblo. Algo más de un mes después, sin embargo, esos mismos medios nos informaron que las organizaciones de masas y sociales presentarían ante la ley una Demanda del pueblo cubano al gobierno de los EE.UU. por los daños ocasionados a Cuba, que ya no solo hacía referencia a los perjuicios del bloqueo mismo, sino a los que ya habían sido incluidos en una anterior demanda, la Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de EE.UU. por daños humanos. Se sumaba, por tanto, a la reclamación por los daños del Bloqueo en sí, los que había provocado el terrorismo, fuera o no bajo inspiración, o al menos conocimiento, de los sucesivos gobiernos norteamericanos.

Las razones de tal cambio se nos harían rápidamente evidentes al observar los valores que se daban en el documento definitivo: 121 mil millones para los daños globales (incluidos los ocasionados por el terrorismo); 67 093,2 millones de dólares para los del bloqueo propiamente dicho.

Las Raíces del Bloqueo.

La chispa que inició el proceso que concluiría con el establecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero en 1962, fue el acuerdo que a principios de 1960 firmaron los gobiernos de Cuba y de la URSS, para la compra por este último al primero, por los siguientes 5 años, de un millón de toneladas anuales de azúcar. En específico el detalle que iniciaría la escalada de medidas y contramedidas, sería nada menos que la cláusula del mismo que estipulaba que el 80 % de la venta se realizaría por medio del trueque: El azúcar cubano se cambiaría por mercancías soviéticas y en especial por petróleo crudo.

A pesar de que el gobierno de EE.UU, mediante nota diplomática, protestó la decisión de su vecino de comerciar a gran escala con su archienemigo de la Guerra Fría, sin tan siquiera prevenirlos de tal decisión, como es normal entre aliados, no puede achacársele a dicho gobierno la contra respuesta que desde el bando norteño le daría comienzo a la escalada.En un final la nota no pasaba de eso: una nota diplomática sin ninguna medida concreta aneja. Ese triste papel le tocó más bien a las empresas refinadoras norteamericanas instaladas en la Isla, quienes se negaron a trabajar con el petróleo ruso.Pero más que por posición ideológica, por razones puramente crematísticas, como bien lo explicó entoncesFidel Castro:

“… Cuba tiene derecho a comprar el petróleo al precio más barato que pueda en el mercado mundial, y entregarlo después a las refinerías para su proceso en Cuba. Pero las compañías extranjeras no se resignan a perder el negociazo de la reventa de la casa matriz a su subsidiaria en Cuba. Y cuando les informamos que una parte de los 4 millones de toneladas de petróleo… se comprarían en otro mercado… nos envían tres comunicaciones conjuntas diciendo que no refinaran el petróleo de la URSS.”

Lo que siguió es bien conocido: Contra respuesta cubana, nacionalización de las citadas empresas refinadoras; contra contra respuesta norteamericana, suspensión de la cuota azucarera; contra respuesta al cubo cubana, nacionalización de los centrales en manos norteamericanas (y de paso todos los demás)…

No perdamos de vista, sin embargo, esta afirmación implícita en las palabras del primer ministro, que nos pone en verdad ante el carácter de la ayuda soviética: El cambio del petróleo norteamericano por soviético en verdad significó una ganancia para nuestro país. Lo que se ve respaldado, además, si recordamos que como bien aclara el economista Cepero Bonilla en su artículo: El convenio cubano-soviético, los fletes de transportación eran asumidos por entero por el hermano país de los soviets.