A propósito del cumpleaños de Rolando Rodríguez.

José Gabriel Barrenechea.

Mal recuerdo, porque la policía del pensamiento se encargó derobarme la libreta de trabajo a donde lo había transcrito, que en uno de los ensayos que Herminio Portell Vilá publicó en la revista Bohemia en septiembre de 1933, llegó a reconocer de manera abierta la potencia intelectual, y el nacionalismoesencial de Ramiro Guerra. No olvidemos que este había sido secretario de la presidencia del gobierno de Gerardo Machado, que ese gobierno se había caído hacía poco más de un mes, y que por afirmar menos se podía ser linchado con total impunidad por las chusmas habaneras que, por seguir con su salvaje pachanga, hacían con total impunidad del menos pinto un machadista.

¿Que a santo de qué sacó a colación a don Ramiro, y a don Herminio? Pues a que yo voy a hacer algo parecido a continuación: Voy a quitarme el sombrero ante Rolando Rodríguez.

Rolando es un historiador, y quien no lo crea lo reto a que busque su ensayo: “Un documento apócrifo: El memorándum Breackreason, titulado también de Breckinridge”. En el demuestra nada menos que la no veracidad del que quizás haya sido, por más de cien años, uno de los puntales documentales de la ambigua relación de amor-odio hacia los EE.UU del partido nacionalista-radical cubano. Un documento por el quehan comenzado siempre su argumentación quienes han llegado a pensar que los americanos no tienen otro interés en sus vidas que el de jeringarnos las nuestras.

Pero Rolando, un castrista acérrimo, no solo ha socavado una de las bases más estimadas del discurso histórico sobre el que se asienta el pensamiento político de Fidel Castro, y su dictadura de medio siglo. También se ha atrevido a publicar la carta de Carmen Miyares a José Martí, carta que le fuera ocupada a su cadáver por el ejército español, y donde se acaba de destruir cualquier visión pacato-hagiográfica de nuestro Héroe Nacional.

Solo Rolando, por otra parte, le salió al paso en su momento a ese racismo negro que intentaba elevar a sus altares, como nuevos símbolos de patriotismo, a los hombres que dirigieron la sublevación racista de 1912. Solo por “La Conspiración de los Iguales”, a pesar de que es un libro que se reciente por el apuro con que fue escrito, ya Rolando Rodríguez merece un lugar destacado en nuestra historiografía, y en la futura política democrática cubana.

Discrepo en mucho con Rolando. Para él la Revolución todavía vive, para mí murió en 1968; ambos nos sentimos orgullosos de las quijotadas de los sesentas, solo que para él no fueron en general quijotadas, sino actos razonables; su nacionalismo es del de a cojones, el mío es sin embargo el de las sutilezas y la diplomacia. Pero si bien nuestras valoraciones de muchos hombres del 33 nos separan: ¡No puedo dejar de reconocer que solo él, en nuestro ámbito oficial, se ha atrevido a afirmar que la Revolución del 30 no se fue a bolina!

Sigo disintiendo de su valoración del golpe del 4 de septiembre; sigo creyendo que su objetivo es completamente contrario al mío: él pretende socavar la legitimidad del periodo democrático de los cuarentas, yo rehabilitarlo, para que sirva de base a una Cuba futura en mi caso, en el suyo para justificar el castrismo. Mas a pesar de ello no puedo negar en él a un historiador de ley, y a un intelectual; o lo que es lo mismo, a un ser humano cuyo principal compromiso es con la verdad. ¿Cuántos cubanos son, o han sido capaces de aceptar la realidad de hechos que no encajan en el marco de sus creencias, de sus intereses, o aun en el de sus mecenas o caudillos? Créanme, muy pocos; y si algo pido yo, además de morirme antes de que me ataque la demencia senil, es esa valentía.

¡Saluddon Rolando! Para que pueda atreverse con ese periodo tabú para la historiografía castrista: El que coincide con el gobierno del coronel Laredo Bru, y termina con el que para mí es el mayor logro político de los cubanos: La Constitución de 1940.

¡Salud, cubano de Las Villas!

¡Den un paso al frente los compañeros Palmacristi y Ley de Fuga!

de José Gabriel Barrenechea

A las 11 y 6 minutos de la mañana de ayer la policía detuvo a Camilo Ernesto Olivera en

Portada del primer número de la revista Cuadernos para la Transición, causa de la detención de Camilo Ernesto Olivera

Portada del primer número de la revista Cuadernos para la Transición, causa de la detención de Camilo Ernesto Olivera

los accesos a la ciudad de Santa Clara. Lo hicieron salir del auto en que viajaba, se lo esposó, y finalmente lo obligaron a adoptar una posición humillante, e incómoda, sobre el capó de auto patrullero. Camilo venía para el Festival de Rock de esta ciudad, aclaro, y no traía consigo un cargamento de drogas para jóvenes de mala vida, sino solo 4 Cuadernos para la Transición.

Poco antes en los accesos del parque Vidal se había desarrollado una larga bronca, que solo terminó cuando uno de los contrincantes pidió al otro que “ya no le diera más”. Porque los policías, que a menos de media cuadra, en el parque, sumaban una docena, no hicieron acto de presencia para detenerla. Y ni que decir que tampoco lo hizo la docena larga de policías del pensamiento que constantemente merodean por allí, a la caza de la más minúscula y enclenque ideíta.

A esas mismas horas, por cierto, todos en la ciudad comentaban en voz alta, y con abierta indignación, la ejecución extrajudicial de que fue objeto un joven de la misma, precisamente a manos de esa misma policía que para detener a personas decentes no se hace de rogar, pero que brilla por su ausencia para ponerle coto a las indisciplinas sociales. Esa misma policía que integran semejantes energúmenos capaces de catalogar como “escritos subversivos” a dos fragmentos martianos, un ensayo de Herminio Portell Vilá, llamando en 1933 a acabar de derogar la Enmienda Platt, y otro de Juan Marinello, analizando lo logrado por el movimiento obrero cubano en ese preciso año (al parecer el señor que levantó el acta, mediante la que pretendieron darle algún aire de legalidad al robo de mi libreta de trabajo, por un momento creyó que su uniforme era del que mató a Rafael Trejo).

Aclaro que no soy un enemigo de la policía; que comprendo su importancia en toda sociedad, y mucho más en la nuestra presente o por venir. Que en mi vida he conocido a policías cubanos muy honestos, y muy profesionales (me vienen rápido ahora a la memoria la imagen de Luisa Elena, los padres de una condiscípula mía de la primaria).

Pero de la policía, no de ese medio ejercito de ocupación en país hostil en que se nos está convirtiendo la nuestra presente.  O de esa mafia que es capaz de matar y botar el cuerpo en una esquina para proteger a uno de los suyos.

La Gerontocracia en el poder acumula negros nubarrones en nuestro futuro. Porque si tal vez por ahora su autoridad sea capaz de imponerse a los intereses creados locales, y lograr que se sancione a los responsables de este despropósito, no ocurrirá lo mismo cuando los Díaz Canel tomen el poder. Para entonces, la ciudadanía que todavía puede contar para su protección con el interés de los Grandes Caudillos Nacionales en mantener una imagen de tacita de oro hacia el mundo, se verá de pronto sometida al arbitrio de las pandillas locales en que se fragmentará el poder totalitario, a las que esa imagen les importará poco, y que no encontrarán en consecuencia ningún contrapeso a sus deseos y desafueros.

Para entonces este muchacho muerto a golpes, y dejado en una esquina como un perro, no será nada extraordinario, más bien será lo cotidiano.

La Gerontocracia ha permitido que sus gorilas golpeen a disidentes y damas de blanco, y no ha medido las consecuencias de permitirle a los temperamentos violentos tales “expansiones”. Viéndolos después pasearse por el parque Vidal, con sus boinas negras, sus poses y andares matoniles (en Cuba solo algunos militares se esmeran por mantener una postura marcial), le predije a el poeta Vilches lo que estaba seguro no tardaría en suceder: Poco después, infatuados por su monopolio de la violencia y en sus músculos hipertrofiados, casi desbaratan a golpes a un joven decente, que… ¡Oh, desgracia, era hijo de un alto funcionario del gobierno municipal! (Nada hubiera pasado, ni ha pasado, cuando de un pobre diablo se ha tratado).

Y es que la Gerontocracia recluta a quien sea hoy en día. Para un MININT cargado de prebendas, y de posibilidades de inventar o resolver por la izquierda mediante chantajes en todos los grados y actividades (el jefe que le resuelve “dos boberíitas” al oficial de la seguridad que atiende su empresa no lo hace por amistad, sino para callarle la boca sobre sus mismos manejos “inofensivos”); posibilidades que “quiénes sean” no están nada dispuestos a dejar perder después, al menos sin luchar.

En Encrucijada, por ejemplo, se ha ido a los cortes de arroz a reclutar a los jóvenes que de entre verse al sol, con el agua a las rodillas y los mosquitos haciendo nubes a su alrededor, o pasar a integrar las filas de la policía del pensamiento, con sus suzukis que atraen noviecitas a las que después pueden colar en alguna tienda recaudadora de divisas, no dudan. Como tampoco después no dudaran en quitarse de en medio a quien pueda poner en peligro ese modo de vida, que entre la miseria general resulta esplendoroso.

Negros nubarrones se acumulan de aquí en adelante para Cuba. Y es que estos viejecitos parecen empeñados por dejarnos tras de sí solo el diluvio. Porque si el cubano es capaz de soportar lo que cree correcto (es un poco crédulo el cubano, a la verdad), no sucede lo mismo cuando se lo mata y tira en la calle como a un perro (crédulo, pero nada cobarde). Si no lo cree, vaya y pregúntele a los españoles, que aquí dejaron enterrados más soldados que en todas sus guerras de las Américas juntas.